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Responden los los que de verdad importan a la pregunta ¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial y la inteligencia humana?


Preguntando a… – Entrega #1 – Verano 2024 – ¿Qué va a ser de nosotros en nuestra interacción con la IA?



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Respuestas obtenidas entre junio y septiembre de 2024

19/06/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


La llegada de la inteligencia artificial (IA) está comenzando a integrarse en numerosas áreas de nuestra vida cotidiana y profesional. La diferencia fundamental frente a las revoluciones tecnológicas más recientes, como fueron la informática o internet, es que no vamos a tener un proceso de 10 años para que el grueso de la población se adapte a estos cambios. Esto implica un riesgo enorme de dejar a gente atrás apareciendo nuevas profesiones y desapareciendo otras a una velocidad nunca vista que afectará incluso a la formación de los jóvenes dándose la paradoja de que puedan comenzar profesiones que estarán obsoletas antes de terminarlas.

A efectos prácticos solo soy capaz de aventurar una serie de cambios que sucederán a corto plazo y a fantasear los cambios previsibles a medio plazo con la llegada de la Inteligencia artificial general (IAG)

Corto Plazo (1-5 años)

En el corto plazo, la inteligencia artificial ya está comenzando a integrarse en numerosas áreas de nuestra vida cotidiana y profesional. En la medicina, por ejemplo, la IA ya está siendo utilizada para mejorar el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Algoritmos avanzados de aprendizaje automático pueden analizar grandes volúmenes de datos médicos para identificar patrones que podrían no ser evidentes para los humanos. Esto puede llevar a diagnósticos más precisos y tratamientos personalizados.

Además, la IA está mejorando la eficiencia en la gestión sanitaria. Sistemas de IA pueden optimizar la programación de citas, gestionar inventarios de medicamentos y equipos médicos, y mejorar la coordinación entre diferentes departamentos dentro de un hospital. Esto no solo reduce costos, sino que también mejora la calidad del servicio al paciente.

No podemos tampoco obviar el cambio que los modelos grandes de lenguaje natural (LLM) van a suponer en la relación médico paciente terminando con la queja más frecuente de los últimos diez años con relación a que los médicos pasamos más tiempo delante de pantallas que de pacientes.

Desgraciadamente este desarrollo a enorme velocidad genera también problemas éticos importantes derivadas de la interacción entre la IA y la inteligencia humana. La privacidad, la seguridad y la equidad ya son preocupaciones fundamentales y el desarrollo de marcos regulatorios van a generar grandes diferencias entre países como hemos visto hace unos días con la noticia de que en la Unión Europea no se implantará el modelo de IA de Apple.

Además, debemos considerar el impacto en el empleo. Mientras que la IA tiene el potencial de aumentar la eficiencia y crear nuevas oportunidades, también podría desplazar a muchos trabajadores. Por ejemplo, sabemos que el desarrollo de los nuevos modelos de lenguaje grandes (LLM por sus siglas en inglés) como ChatGPT están ligados indirectamente a la industria del videojuego y más concretamente a Nvidia (una empresa que en origen desarrollaba tarjetas gráficas). Pues bien, mientras Nvidia se ha posicionado como la empresa más valiosa del mundo el sector de los videojuegos ha perdido a un 20% de sus trabajadores en los últimos meses.  Lo ideal sería tener tiempo para planificar una transición equitativa, proporcionando educación y capacitación para que las personas puedan adaptarse a nuevas formas de trabajo, pero mucho me temo que este cambio vertiginoso no nos lo va a permitir.

Medio Plazo (5-10 años)

En el medio plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana se volverá aún más profunda y sofisticada. Es previsible que en tres-cinco años se desarrolle la inteligencia artificial general (IAG) o, en inglés, Artificial General Intelligence (AGI). Este modelo implica que la IA no solo podrá realizar tareas específicas para las que ha sido entrenada, sino que también tendrá la capacidad de comprender, aprender y aplicar conocimientos de una manera similar a los seres humanos, incluyendo la posibilidad de tener una forma de conciencia o autoconciencia.

A partir de este punto solo puedo fabular sobre los esperables (y deseables) cambios que deseamos ver: un aumento en la colaboración entre humanos y máquinas, donde la IA no solo asista en tareas específicas, sino que también participe en la toma de decisiones complejas.

En medicina, esto podría significar que los sistemas de IA no solo ayuden a diagnosticar enfermedades, sino que también sugieran opciones de tratamiento basadas en la historia médica completa del paciente y los datos más recientes de investigaciones médicas. Los médicos podrían confiar en la IA para obtener segundas opiniones o para validar sus decisiones, lo que mejorará la precisión y reducirá los errores médicos.

El previsible desarrollo que veremos en los próximos años en el arsenal terapéutico va a ser tremendo (ya hemos leído recientemente la noticia sobre nuevos antibióticos gracias a la IA).

La educación médica también se transformará. La IA podría personalizar el aprendizaje para cada estudiante de medicina, adaptando el contenido y el ritmo de enseñanza según las necesidades individuales. Los simuladores con IA podrían ofrecer experiencias de entrenamiento realistas para procedimientos complejos, mejorando la preparación de los futuros médicos.

Una última reflexión

Es natural que los cambios radicales que vislumbramos para el futuro nos generen inquietud. Sin embargo, recordemos la anécdota de Henry Ford, el pionero de la producción en masa de automóviles, quien señaló: “Si hubiera preguntado a la gente qué quería, me habrían dicho que caballos más rápidos”. ¿nos subimos al coche?

Antonio Zapatero Gaviria es Jefe de Servicio de Medicina Interna en el Hospital Universitario de Fuenlabrada y Profesor Titular de Medicina de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Expresidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y de la Federaciones de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME. Ha sido Viceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y actualmente es Secretario Ejecutivo de Asistencia Sanitaria del Partido Popular. Campeón de España de Tenis.

19/06/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial y la inteligencia humana?


IA: ¿amigo o enemigo?

“La inteligencia artificial podría ser el mejor o el peor invento de la humanidad. No sabemos si seremos infinitamente ayudados por la IA, o ignorados por ella y marginados, o destruidos por ella”. Esta reflexión preclara de Stephen Hawking adelantó una preocupación fundamental actual en el debate sobre la IA: su capacidad para desarrollar habilidades autónomas que podrían superar el control humano. La advertencia de Hawking resalta la importancia de abordar el desarrollo de la IA con un enfoque ético y responsable, asegurando que estas tecnologías se utilicen para el beneficio de la humanidad y no para su detrimento.

En un contexto donde la IA está cada vez más presente en nuestras vidas, estas preocupaciones son cruciales para guiar políticas y prácticas que mitiguen riesgos potenciales. Actualmente la postura actual de grandes pensadores, estrategas, expertos, y líderes de opinión sobre la inteligencia artificial (IA) es diversa, incluso divergente.

Noam Chomsky, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo manifiesta su decepción al referirse a Chat GPT y enfatiza no pueden distinguir entre lo posible y lo imposible, limitando su capacidad para generar explicaciones significativas; más aún señala que la dependencia en el aprendizaje automático en la IA podría degradar la ciencia y la ética.

Elon Musk ha llegado a afirmar que podría haber un 20% de posibilidades de que la IA destruya la humanidad y a la vez indica que la inteligencia artificial nos quitará todos los puestos de trabajo, aunque eso no sea necesariamente malo.

En el otro extremo Bill Gates señala que la IA hará que se creen muchas cosas nuevas, muchas categorías laborales, nos hará la vida de todos más fácil; el magnate ha señalado específicamente que ayudará a los médicos a hacer su papeleo, que es «parte del trabajo que no les gusta”(1).

En cualquier caso, que existe una opinión generalizada sobre el impacto reseñable que la IA tendrá en nuestras vidas en pocos años en términos generales y específicamente en el ámbito laboral en el que se calcula que más del 40% de los trabajos se verán directamente afectados por la IA. En el ámbito de la salud la IA ya es una realidad. La FDA ha autorizado 882 productos sanitarios con IA, y continuamente se muestran casos de uso de la IA como apoyo al trabajo médico, por ejemplo en el desarrollo de la historia clínica que se registra de manera estructurada, recogiendo la información de una conversación no estructurada, apoyada por la propia IA. Las expectativas son apabullantes como destaca un reciente estudio de McKinsey indica que la IA puede llegar a tener un impacto de 1 trillón de dólares en el ámbito sanitario (2).

La explosión de la IA nos obliga a aprender haciendo y asumir los riesgos que ello conlleva. ¿Qué sucede con las apps gratuitas disponibles para detectar enfermedades? ¿Quién asume los errores derivados de la IA? ¿Como integrarla en nuestro trabajo diario en el ámbito de la salud? Leer una radiografía, un electrocardiograma, tomar notas, ayudar a procesar la información disponible resumiéndola y estructurándola, asesorar en decisiones profesionales a sanitarios y gestores, ayudar a los investigadores clínicos en la elaboración de preguntas, extraer conclusiones de la información disponible, preparar documentación administrativa, asesorar en su cuidado a los pacientes, y a sus familiares o simplemente acompañarlos, son sólo algunas de las tareas en las que nos puede ayudar.

Los sistemas de salud se enfrentan a enormes retos derivados de las necesidades en crecimiento de atención sanitaria, que debe centrarse en las personas con el uso de la técnica. ¿Puede ser la IA una de las soluciones para ello? ¿Puede la IA ayudar a descargar al sistema sanitario de tareas relacionadas con la recogida y procesamiento de la información, que consumen un enorme volumen de recursos? ¿Puede ayudar de esta manera a liberar recursos de los sistemas sanitarios, de la mano de sus profesionales, para que se puedan centrar en la atención a las personas? ¡Todos deseamos que sí!

Galo Peralta Fernández es médico especialista en Medicina Interna y Director de Gestión de la Fundación Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL).

07/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


La conjugación conjunta de solo dos palabras (Inteligencia y Artificial), que han convivido con nosotros por muchos años sin generar por separado grandes movimientos en la sociedad, cuando se juntan para definir un único concepto “Inteligencia Artificial”, en adelante IA, se convierten en el germen del “Tsunami” que está alterando todo nuestro entorno, incluido por supuesto todo lo relacionado con la atención a la salud. Sobre todo, porque se encuentra directamente implicada en la primera fila de un proceso que es muy complejo y cambiante, en el que toda herramienta que potencie nuestras capacidades cognitivas va a ser siempre bien recibida, por la importancia de mejorar la calidad asistencial manteniendo la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud. La creciente capacidad de los sistemas artificiales para aprender y actuar de manera “inteligente” está transformando completamente nuestro mundo.

La IA está llamada a tener un papel principal en todo este proceso porque, además de ser esa deseada herramienta, también va a configurarse como el motor impulsor de los principales avances tecnológicos que se van a poner en valor en los próximos años:

  • “Big Data/Data Lakes”
  • “Computación en la nube y en el borde”
  • “Espacios o lugares inteligentes”
  • “Impresión 3D/4D con fabricación aditiva, usando biomateriales y con tendencias como la “personalización masiva” y los “micromomentos”
  • “Gemelos digitales” y “realidades virtuales extendidas”
  • “Humanos aumentados” y automatización robótica con “cobots” y “vehículos autónomos inteligentes”
  • “Tecnologías convergentes NBIC” (Nano, Bio, Info y Cogno) para avanzar en la percepción multisensorial predictiva y en una suerte de interacción telepática.
  • “Plataformas de comunicación digital y ciberseguridad”
  • “Sistemas perceptuales inteligentes” con visión por computadora y procesamiento del lenguaje natural en “chatbots inteligentes”, “LLM” que incorporan “módulos de aprendizaje automático” a modo de “sistemas generativos predictivos”, …
  • “Nuevos paradigmas de IA como las “redes neurogliales” y la aplicación conjunta con la computación cuántica para una “computación trinaria”, en lugar de binaria.

Lo citado previamente va a propiciar que la IA tenga una gran influencia en los descubrimientos científicos que se están generando, y en los que están por llegar, produciendo un nuevo cambio de nivel dimensional en la interpretación del proceso etiopatológico, actualmente llegando a un nivel de dimensión “nano”, encontrando muchas de las causas de alteración del estado de salud en moléculas del tamaño de las proteínas, o incluso menor. Además, la IA está llamada a tener una gran influencia en el cambio de paradigma que se está produciendo en todas las fases del proceso asistencial, gracias a la multitud de aplicaciones de IA que se implementan cada día, para dar satisfacción a todas las facetas de este nuevo paradigma de atención al cuidado de la salud que puede ser identificado por sus características “Ps”:

  • Proactivo, en lugar de reactivo o incluso defensivo
  • Predictivo, anticipando la evolución de procesos patológicos de los individuos y de las pandemias en las poblaciones, …
  • Preventivo, detectando patologías precozmente y actuando con celeridad para resolverlas (cribados, vías rápidas, …); promoviendo hábitos saludables (deporte moderado, nutrición saludable, …), evitando factores de riesgo (sedentarismo, tabaquismo, …); …
  • Personalizado, durante todo el proceso de atención para el cuidado de la salud, tanto en la prevención como en diagnóstico, tratamiento, control y seguimiento, …
  • Preciso, especialmente para evitar efectos iatrogénicos en el proceso asistencial, reduciendo las incisiones quirúrgicas, administrando las menores dosis de fármaco según sea el metabolismo del paciente, …
  • Participativo, teniendo al paciente en el centro del proceso asistencial y con posibilidad de simulación de las consecuencias de la toma de decisiones; …
  • Periférico o desubicado, permitiendo un adecuado control y seguimiento de pacientes en UCI sin la presencia física del facultativo, haciendo más eficiente la hospitalización a domicilio, incrementando las potencialidades de telemedicina, …
  • Poliprofesional, siendo cada vez más necesaria la participación de diferentes profesionales en el proceso asistencial: farmacéuticos, analistas de datos, …
  • Permanente, con una atención continuada desde la concepción hasta el “exitus“

Pero es necesario bajar el “soufflé” de lo que la IA puede hacer, ya que la doctrina científica que tenemos actualmente para la implementación de sistemas inteligentes no parece suficiente para dar satisfacción a todas las expectativas que se están creando, en muchas ocasiones interesadas o fraudulentas, acerca de las posibilidades que ofrece la IA para resolver nuestros problemas. Estamos bastante lejanos de poder construir sistemas que incluyan todas las características que deben adornar a un sistema para poder considerarlo “inteligente”. De momento, hemos de conformarnos con replicar de forma bastante satisfactoria la capacidad de aprendizaje para tareas de clasificación/clusterización y predicción, pero estamos bastante lejos de poder incorporar a los sistemas artificiales, con un mínimo nivel de efectividad, otras características de la inteligencia como es la intencionalidad, la creatividad, la curiosidad, la consciencia, la conciencia y, sobre todo, el “sentido común”, por la dificultad de su definición.

Las limitaciones del uso de sistemas de este tipo se refieren, sobre todo, a los sesgos por la utilización de fuentes no contrastadas, la falta de uso de “ontologías” y estándares que aseguren que detrás de cada etiqueta semántica se encuentra siempre el mismo concepto, la opacidad de las respuestas con dificultades para explicar el resultado, la posibilidad de vulnerar la privacidad y seguridad de los datos las informaciones y los conocimientos (DIC), pudiendo usarse incluso en contra de los intereses de sus legítimos propietarios, etc. Aunque la limitación mayor que existe actualmente para la utilización eficiente de la enorme miríada de aplicaciones de IA, que surgen como las setas en otoño, es la falta de validación y verificación formal de su funcionamiento. La inmensa mayoría de las “apps” de IA actuales están desarrolladas para resolver “problemas de laboratorio” que ocurren en escenarios controlados y no para funcionar adecuadamente en entornos del mundo real, que está afectado por ruido del propio entorno, por fallos en los elementos que lo procesan, y por lo que se conoce como “maldición de la cuádruple I” del “conocimiento natural”: Incierto, Impreciso, Inconsistente e Incompleto

A pesar de todas las grandes oportunidades que brinda la IA, es necesario tener en cuenta que no es más que una potente herramienta para incrementar nuestras capacidades intelectuales, pero en ningún caso se debe interpretar como el “Bálsamo de Fierabrás” que se refiere en el Quijote como aquella pócima que todo lo cura. La IA no está en disposición de resolver todos los problemas que actualmente plantea la adecuada atención al cuidado de la salud y, como ya se ha dicho, sería recomendable rebajar las expectativas que se están generando, porque al no verse cumplidas en toda su extensión las expectativas se puede generar una profunda frustración y, como consecuencia posterior, un considerable futuro rechazo.

La sociedad actual demanda nuevos servicios sociales y sanitarios en un nuevo concepto de atención al cuidado de la salud, que implican un cambio en el modelo sanitario actual para hacerlo de mayor calidad y sostenible. La “tecnología inteligente” se señala como algunas de las bases sobre las que se podrá conseguir este cambio. Es pertinente recordar aquí lo que la Reina Roja dice a Alicia en “El otro lado del espejo”: “Aquí tienes que correr todo cuanto te sea posible para poder quedarte en el mismo lugar, y si quieres ir a otro lugar, … entonces tienes que correr el doble». Las tecnologías con IA pueden ayudar a extraer y organizar información relevante, en el diagnóstico y diagnóstico diferencial, también en generar informes médicos, personalizar tratamientos, acelerar el descubrimiento temprano de fármacos por reposicionamiento y mejorar la interacción con el paciente. Además, facilitan una atención más eficiente en el paradigma “nP” previamente expuesto. Pero existe la necesidad urgente de capacitar a los futuros profesionales médicos en habilidades del paradigma “nP”, incluida la IA. Estas nuevas competencias, habilidades y conocimientos son, cada vez más necesarias para el correcto ejercicio de la profesión. Todo parece indicar que, si bien las herramientas inteligentes no desplazarán a los profesionales, sí provocarán que los profesionales que manejan adecuadamente estas herramientas desplacen a aquellos otros que presenten carencias en su uso.

Así, a corto, medio y largo plazo podemos esperar una cada vez más fluida capacidad de comunicación de los seres biológicos inteligentes con los “cientefactos” que incorporan IA, avanzando en ese escenario que ansiaba Norbert Wiener cuando, en 1940, instauró la rama de la Ciencia que se conoce como “Cibernética”. La mejor capacidad de comunicación hará que las poderosas herramientas de IA sean cada vez más eficientes, adecuadamente usadas bajo el control del humano, como ocurre con cualquier otra herramienta. Es necesario que todos intentemos aportar luz en este camino, logrando que la utilización de las aplicaciones de la IA sea ética, sin prejuicios, preservando la dignidad y los intereses todos, profesionales o pacientes, y que el beneficio sea para todas las personas, no solo para una minoría de privilegiados.

Alejandro Pazos Sierra es médico, Máster en Ingeniería del Conocimiento por la Universidad Politécnica de Madrid, Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Ingeniería Informática por la Universidad Politécnica de Madrid. Catedrático de Universidad del Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad de A Coruña (UDC). Es, además, Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) en Inteligencia Artificial. El Prof. Pazos es, además, Miembro de la Real Academia de Farmacia de Galicia, Miembro de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia, Miembro del Comité Científico del INIBIC (Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña), Miembro del Comité de Dirección del CITIC (Centro de Investigación en Tecnología de la Información y las Comunicaciones), Cofundador y responsable de IA para el cuidado de la salud de la empresa «Spin off» IKERDATA y Fundador del grupo RNASA-IMEDIR de la UDC.

09/07/2024

Original escrito en colaboración con Guillermo Rodríguez Lázaro, PhD. Biofísico. Doctor en Mecánica Estadística. Director Científico de IAI Group. Barcelona.

09/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Inteligencia Artificial y Proceso Quirúrgico

(de la medicina basada en la evidencia a la medicina basada en la predicción)

Clásicamente el proceso quirúrgico está basado en el establecimiento de una indicación, la realización técnica de la misma, la toma de decisiones en tiempo real y la realización de unos cuidados postoperatorios más o menos estandarizados. En cada uno de esos momentos del proceso manda el juicio clínico, la experiencia de los profesionales y el razonamiento crítico y deductivo de los mismos. En muchas ocasiones para la toma de decisiones nos hemos basado en escalas o puntuaciones (scores) en base a estudios retrospectivos, con un número limitados de variables, en una determinada población, y en muchas ocasiones mal calibrados, limitando muchas veces su valor predictivo. Podemos mencionar algunos que nos indican el posible riesgo quirúrgico global (POSSUM, ASA, PONS, POTTER, ROQUES, APACHE II, Euroscore, etc), o complicaciones postoperatorias (Escala Goldman o de Lee para complicaciones cardiovasculares, Child-Pugh o MELD para pacientes con insuficiencia hepática, el ARISCAT para complicaciones respiratorias, Escala Caprini para el riesgo de enfermedad tromboembólica, etc).

La inteligencia artificial (IA) y el aprendizaje automático (y continuo) mediante la introducción de millones de variables/datos procedentes de centenares de miles de historias clínicas (big data), nos va a ofrecer modelos predictivos de elevadísima sensibilidad y especificidad. A nivel preoperatorio en relación al riesgo quirúrgico, y que será personalizado para cada paciente (con sus antecedentes o comorbilidades) y para cada procedimiento, máxime para aquellos de alto riesgo. Orientará al equipo quirúrgico con respecto a la mejor técnica y abordaje. Mejorará los sistemas de monitorización, como el Hpi (hypotensión prediction index) basado en maching learning y que predice la aparición de hipotensión 10 minutos antes de que esta aparezca, permitiendo la anticipación terapéutica y evitando sus consecuencias.

A nivel de imágenes, automatizará la lectura e interpretación de las imágenes de las pruebas radiológicas, así como perfeccionará los diagnósticos anatomopatológicos. Potencialmente apoyará a la identificación y toma de decisiones, por ejemplo durante una colonoscopia podrá identificar un pólipo y sus características de malignidad. De la misma manera aparecerán sistemas predictivos de complicaciones postoperatorias, permitiendo orientar los cuidados para evitarlas. Para ello, como es lógico, los datos deben estar digitalizados y ser fiables, y posiblemente los modelos predictivos lo serán para una grupo demográfico o poblacional sobre el que se basó el modelo predictivo. 

Alguno de estos modelos predictivos ya se han puesto en mercado, como es el sistema basado en IA de Epic Sepsis Model que predice la posibilidad de sepsis. El riesgo y su predicción también abarcara a los profesionales, constituyendo una variable más en base a su experiencia y resultados, y supondrá a un reto a asimilar y un estímulo de mejora. Finalmente y de forma global, cada hospital como organización será una variable que aumente o reduzca el riesgo y la seguridad del proceso, en base a la cualificación de sus profesionales y la calidad de los cuidados. Esto último, al aplicar los mismos sistemas predictivos en poblaciones homogéneas favorecerá la competencia entre las organizaciones y permitirá a los pacientes elegir centro para cada proceso si así lo desea. Una vez superadas las barreras legales, éticas y de regulación que sin duda se plantearán, la IA transformará el sector sanitario según el algoritmo de las «6D» de la reacción en cadena del progreso tecnológico (esto es: Digitalized, Deceptive, Disruptive, Demonetized, Dematerialized, Democratized) y supondrá seguro un radical cambio de paradigma, dado que aunque no sustituirá al médico, sí eliminará gran parte de la incertidumbre en el toma de decisiones y a cualquier nivel ¿nos estamos preparando para ello?

Referencias

1. Predictive medicine, maching learning, and anesthesia. Rabanal LLevot JM. Rev Esp Anestesiol Reanim (Engl Ed). 2020 Dec;67(10):535-537. doi: 10.1016/j.redar.2020.03.001. 

2.  Real-world outcomes of the hypotension prediction index in the management of intraoperative hypotension during non-cardiac surgery: a retrospective clinical study. Solares GJ, Garcia D, Monge Garcia MI, Crespo C, Rabago JL, Iglesias F, Larraz E, Zubizarreta I, Rabanal JM. J Clin Monit Comput. 2023 Feb;37(1):211-220. doi: 10.1007/s10877-022-00881-7. 

3. Artificial Intelligence and Surgical Decision-making. Loftus TJ, Tighe PJ, Filiberto AC, Efron PA, Brakenridge SC, Mohr AM, Rashidi P, Upchurch GR Jr, Bihorac A. JAMA Surg. 2020 Feb 1;155(2):148-158. doi: 10.1001/jamasurg.2019.4917.

4. Artificial intelligence in surgery. Chris VargheseEwen M. HarrisonGreg O’Grady, Eric J. TopolNature Medicine. 2024; vol 30:1257–1268.

José Manuel Rabanal Llevot es Jefe del Servicio de Anestesiología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV) de Santander y Prof. Asociado de Cirugía en la Universidad de Cantabria (UC). Ha sido Director Médico del HUMV.

10/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


El paradójico escenario de la Inteligencia Artificial en la Medicina del Siglo XXI

La manera de definir el concepto

En este mundo caracterizado por la imprecisión en el lenguaje, por cierto, símbolo inequívoco del desarrollo cultural de un país, el término inteligencia artificial no deja de ser contradictorio, cercano a un oxímoron. Si uno busca cierto alivio para esta sensación incómoda puede ser útil leer la definición de la RAE de inteligencia artificial que reza literalmente así: “disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico”. La RAE, con su habitual precisión, delimita el concepto. Se trata por tanto de un avanzadísimo sistema informático lógico, una herramienta poderosísima, pero que únicamente incluye una parte del complejo y vasto concepto de inteligencia. ¡Qué alivio!

Lo irreversible de su presencia

Es muy posible que la introducción del telégrafo que, sin duda cambió en su momento el modo de comunicarse en la sociedad, generara recelos, dudas y franca oposición en determinados sectores de la sociedad. Igualmente, el uso del internet ha cambiado la perspectiva del espacio y del tiempo, y entre otras muchas cosas, la manera en la que comerciamos y nos relacionamos; y sí, también la introducción de esta herramienta tuvo detractores iniciales. Igualmente, es indudable que, sea lo que sea la inteligencia artificial y la profundidad de su alcance, su irrupción y avance es imparable y probablemente, con una dimensión incomparablemente superior a la de los ejemplos previos.

El peligro de la moda

El ser humano es en general poco reflexivo a la hora de asumir la presencia de cambios; sin embargo, la irreflexión en el contexto actual es masiva y contagiosa, arrastrada por el impacto avasallador de los medios de comunicación y de las redes sociales. Todo es hoy inteligencia artificial, todo necesita del adorno de la inteligencia artificial para ser novedoso, moderno, atractivo y por tanto comprable. La adoración simplista del “becerro de oro”, por otra parte, un fenómeno nada actual, fue y es un error notable. Por tanto, creo que resulta imprescindible definir los diferentes escenarios de aplicación, el alcance real de las diferentes herramientas de inteligencia artificial y sobre todo definir los límites éticos de su implantación en áreas críticas, especialmente sensibles en el caso de la Medicina.

Inteligencia artificial en Medicina

La aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito de la Medicina es quizá uno de los escenarios que, de forma algo paradójica, genera un intenso debate ético a la vez que permite vislumbrar su potencial y masiva utilidad.

La esencia del ejercicio médico es una compleja interacción entre la incógnita que plantea el conocimiento de la enfermedad y su tratamiento con la vivencia personal, única e intransferible, del ser humano enfermo. Todo ello adornado con el insoslayable y constante cambio del conocimiento y, más recientemente, con la descomunal carga administrativa que la generalización de la tecnología de la información ha depositado sobre los actos médicos.

En este poliédrico escenario, ¿cuál es el lugar que los sistemas de Inteligencia artificial pueden o incluso deben ocupar? Sin duda, compleja pregunta cuya respuesta actual pudiera estar claramente obsoleta en un tiempo mínimo. Empecemos por lo obvio. Sin duda, una aplicación juiciosa de la inteligencia artificial sería capaz de ofrecer una integración, precisa y sin riesgos, de elementos casi siempre presentes en los historiales médicos actuales como alergias, antecedentes, medicación, efectos adversos, la elaboración de pre-informes en procesos altamente rutinarios etc. Desde el punto de vista de la gestión de los procesos, herramientas específicas de inteligencia artificial pueden facilitar la organización y priorización de las peticiones, el ajuste de la lista de espera para procedimientos o consultas adaptado a la gravedad real de cada paciente y de cada contexto etc. Es igualmente imaginable la sofisticada capacidad de análisis de estas herramientas en la generación de informes precisos y rápidos de pruebas de imagen, análisis histológicos etc.

Sin embargo, el eje del acto médico, es decir, la relación humana bidireccional de paciente y médico y, por tanto, la gestión del sufrimiento ajeno es difícilmente sustituible. A pesar de que ya existen prototipos virtuales de asistencia emocional sustentados igualmente por herramientas de inteligencia artificial que parecen ofrecer resultados satisfactorios, éstos solo tendrían cabida a mi juicio en una sociedad aberrante que favoreciera el aislamiento de los individuos y la falta de generación de relaciones con contenido humano.

Por otra parte, la habilidad para detectar lo no conocido, la posibilidad de plantear preguntas de investigación, cuya formulación es imprescindible patrimonio del médico, capaces a su vez de resolver las innumerables incertidumbres que plantean las enfermedades, así como la habilidad de detectar los sutiles e infinitos matices de las emociones de los seres humanos enfermos, son escenarios solo accesibles a la capacidad creativa y a la multidimensionalidad y plasticidad de la mente humana. Por tanto, un elemento relevante en el debate es precisar la importancia relativa de los diferentes planos que el concepto de inteligencia artificial contiene. Así, tan importante como el desarrollo de las herramientas tecnológicas, cuyo instantáneo brillo puede ser deslumbrante, es la interpretación cabal de su aplicación y el análisis crítico de sus límites éticos.

En definitiva, si nos preguntáramos si la inteligencia artificial es la antesala de la desaparición de la profesión médica, la respuesta debe ser que no. Pero es igualmente cierto que el escenario global de la Medicina puede cambiar en la forma más radical que posiblemente se haya visto nunca. Así, los futuros profesionales de la Medicina deben refinar sus habilidades en esta área, han de reivindicar su formación y de manera esencial, su papel central en el desarrollo de las diferentes herramientas y su imprescindible presencia en la generación de conocimiento. No tendría sentido que “proveedores externos” proporcionaran “soluciones modernas” a la complejidad de los actos médicos sin contar con uno de los actores imprescindibles de la Medicina. En este sentido, la defensa de la importancia y trascendencia de la profesión médica, a menudo al albur de los ciegos designios de las administraciones, cobra hoy más valor que nunca.

Rafael Bañares Cañizares es médico especialista de digestivo con dedicación preferente a la hepatología. Exefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Catedrático de Medicina de la Universidad Complutense y director científico del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD). Presidente de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH).

10/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


La ética debe guiar la interacción entre IA e inteligencia humana en la Medicina del futuro

El mundo se enfrenta actualmente a una transformación sin precedentes por la creciente interacción entre la inteligencia artificial (IA) y la inteligencia humana. Esta confluencia promete revolucionar, ya lo está haciendo, la forma en que diagnosticamos, tratamos y gestionamos la salud, presentando oportunidades emocionantes junto con retos complejos. En este contexto, la ética emerge como una brújula imprescindible, guiando el uso responsable de la tecnología para asegurar que los beneficios de la IA se realicen sin comprometer los valores fundamentales de la profesión médica. La medicina del futuro se construirá sobre esta base, donde la innovación tecnológica y el respeto por la dignidad humana se entrelazan de manera inseparable.

Si nos centramos en el corto plazo, la IA ya está comenzando a revolucionar diversos aspectos de la práctica médica. Actualmente, vemos cómo los sistemas de IA se utilizan para el análisis de imágenes médicas, la identificación de patrones en datos de pacientes y la optimización de flujos de trabajo en hospitales. Estas aplicaciones están diseñadas para mejorar la eficiencia y precisión en el diagnóstico, lo cual es fundamental para ofrecer una atención médica de calidad.

Una de las principales ventajas inmediatas es la capacidad de la IA para procesar grandes volúmenes de datos en un tiempo significativamente menor que el que le tomaría a un ser humano. Por ejemplo, los algoritmos de aprendizaje automático pueden analizar miles de radiografías y detectar anomalías con una enorme precisión, lo que no solo acelera el proceso de diagnóstico, sino que también puede reducir la carga de trabajo sobre los profesionales de la salud, permitiéndoles dedicar más tiempo a la atención directa de los pacientes.

Sin embargo, es crucial que este uso de la IA se implemente bajo estrictas normas éticas y deontológicas. El nuevo Código Deontológico de la Organización Médica Colegial (OMC), ya incluye un artículo específico sobre la IA. El texto, aprobado a finales de 2022, recoge que «el médico debe exigir un control ético y finalista de la investigación con inteligencia artificial (IA) basado en la transparencia, la reversibilidad y la trazabilidad de los procesos en los que intervenga, para garantizar la seguridad del paciente».

Desde el punto de vista deontológico, el desarrollo y utilización de grandes bases de datos sanitarias con fines de investigación clínico-epidemiológica es una actividad legítima a la que los médicos y otros profesionales de la salud pueden contribuir en función de sus posibilidades. Pero, no debemos de perder de vista que el desarrollo, gestión y utilización de los datos clínicos debe seguir los valores y principios deontológicos de la profesión médica y se debe informar a los pacientes de posibles usos secundarios, sobre todo, si incluyen una cesión a terceros y la explotación comercial». Por todo ello, y debido a los potenciales riesgos que tiene el análisis y las conclusiones derivadas de grandes bases de datos sanitarias, en el nuevo Código se hace constar que el médico nunca debe colaborar en la manipulación intencionada de datos o de resultados obtenidos a partir de la consulta de esas grandes bases de información médica.

Medio plazo: integración y personalización

A medio plazo, podemos anticipar una integración más profunda de la IA en los sistemas de salud, llevando la personalización de los tratamientos a nuevos niveles. La medicina de precisión, impulsada por la IA, permitirá a los médicos diseñar tratamientos altamente individualizados basados en el perfil genético, el historial médico y el estilo de vida de cada paciente.

La IA también podría desempeñar un papel crucial en la gestión de enfermedades crónicas, proporcionando monitoreo continuo y alertas tempranas sobre posibles complicaciones. Por ejemplo, los dispositivos de salud conectados a sistemas de IA pueden monitorizar en tiempo real a pacientes con diabetes, ajustando automáticamente las dosis de insulina según las lecturas de glucosa en sangre. Esto no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que también reduce la carga sobre los sistemas de salud al prevenir hospitalizaciones innecesarias.

En este contexto, el papel del médico evolucionará hacia un modelo más colaborativo con la IA. Los profesionales de la salud deberán adquirir nuevas competencias tecnológicas y de análisis de datos para interpretar y aplicar las recomendaciones generadas por estos sistemas. La formación continua será esencial para asegurar que los médicos puedan integrar eficazmente la IA en su práctica diaria sin comprometer la calidad del cuidado y manteniendo siempre al paciente en el centro del proceso.

Largo plazo: transparencia y deontología

A largo plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana promete transformar radicalmente el panorama de la medicina. La IA podría avanzar hasta el punto de desarrollar capacidades predictivas y preventivas extremadamente sofisticadas, cambiando el enfoque de la Medicina de reactiva a proactiva.

No obstante, con estos avances vienen importantes desafíos éticos y deontológicos. Desde las organizaciones profesionales debemos de velar por que la IA se utilice de manera justa y equitativa, evitando cualquier forma de discriminación o sesgo. Para ello, es esencial asegurar la transparencia en los algoritmos de IA y la protección de los datos personales de los pacientes. La confianza en la tecnología y en quienes la administran será fundamental para su aceptación y éxito.

La relación médico-paciente, insustituible

Un aspecto crítico en la discusión sobre la IA en medicina es su impacto en la relación médico-paciente. Esta relación, basada en la confianza, la empatía y la comunicación, es fundamental para el proceso de sanación. Aunque la IA puede proporcionar un soporte invaluable, no debe nunca reemplazar la interacción humana que es esencial para el bienestar del paciente, la relación médico-paciente debe seguir siendo el núcleo de la atención médica.

La interacción entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana en la medicina está llamada a ser una de las fuerzas transformadoras más significativas de nuestro tiempo, pero su éxito dependerá de nuestra capacidad para equilibrar la innovación tecnológica con los valores humanos fundamentales que definen la práctica de la medicina. Solo así podremos construir un futuro donde la IA y la inteligencia humana trabajen juntas para ofrecer una atención médica más efectiva, personalizada y humana.

Tomás Cobo Castro es médico anestesiólogo y actual presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) y de la Organización Médica Colegial. Además es vicepresidente de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS) y de la Confederación Médica Latinoiberoamericana y del Caribe (CONFEMEL).

14/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Según la Real Academia Española, “inteligencia” es la capacidad de entender o comprender, y “artificial” es aquello que está hecho por mano o arte del hombre. Por lo tanto, estamos hablando de relacionar una inteligencia creada por el hombre con su propia inteligencia. Este concepto es fascinante, aunque también complejo y en constante evolución.

Sin duda alguna, a corto plazo, ya lo estamos viendo, va a existir una mayor integración de la IA en diversas áreas de nuestra vida cotidiana, como la asistencia virtual, la automatización de tareas repetitivas y la personalización de servicios. Esto va a redundar en una optimización del tiempo en la mayor parte de la población sin que, incluso, nos demos cuenta de ello. ¿Acaso no utilizamos “Google Maps” sin darnos cuenta de que usa IA? Este es un excelente ejemplo de cómo la IA puede integrarse en nuestras vidas diarias de manera casi imperceptible pero altamente efectiva. En la parte negativa… ¿cuándo navegas por Internet, no parece que te escuchan? Te saltan anuncios de lo que estaban buscando hace un rato… y tú no lo has pedido…

A medio plazo, se van a ver avances significativos en la colaboración entre la IA y la inteligencia humana en campos como la medicina, la investigación científica y la creatividad artística. Por la parte que me toca, veo el futuro de la IA en el campo de la medicina como esperanzador e ilusionante. La IA está transformando la medicina en múltiples frentes, desde el diagnóstico y tratamiento hasta la gestión hospitalaria y la investigación. En poco tiempo, veremos resolver problemas de diagnóstico y/o de tratamiento que la inteligencia humana es incapaz de hacer y, de nuevo, con un ahorro de costes y de tiempo (que, creo, es lo que más cuesta). Y es que en el campo de la medicina, se va a avanzar en el diagnóstico por imágenes a través de algoritmos de aprendizaje, por ejemplo, en la retinopatía diabética, en las mamografía o en las endoscopias; en la medicina personalizada, algo muy soñado y que permitirá realizar tratamientos personalizados, seleccionando la terapia más efectiva y con menos efectos secundarios; en el seguimiento de enfermedades crónicas; en la cirugía (aunque esto ya es una realidad, con el robot quirúrgico Da Vinci, por ejemplo); en la predicción y prevención de enfermedades cardiovasculares, con algoritmos de IA que analicen datos de salud para identificar patrones que indican un riesgo elevado de enfermedades cardiovasculares, permitiendo intervenciones preventivas; en la gestión de hospitales y recursos y, finalmente, en el desarrollo de medicamentos. Todo esto, desde mi punto de vista, es interesantísimo y muy, muy apasionante. Y es que, en líneas generales, la IA puede y debe contribuir a acelerar el progreso en áreas complejas y a resolver problemas que requieren un alto nivel de análisis y procesamiento de información.

A largo plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana evolucionarán conjuntamente, con sistemas de IA que aprenderán y se adaptarán continuamente a las necesidades humanas, mejorando su capacidad de respuesta y eficiencia. Sin duda, aparecerán nuevas formas de pensamiento y creatividad, así como habrá cambios en la forma en que nos relacionamos con la tecnología y con el mundo que nos rodea. Se cree que a largo plazo se podrían ver profundos cambios socioeconómicos, con una posible redistribución de la riqueza generada por la eficiencia y productividad de la IA e igualmente, transformaciones culturales en la percepción del trabajo, el ocio y la creatividad, con la IA desempeñando un papel central en estas áreas. Habrá una redefinición de lo que significa trabajar y crear, con una mayor valoración de actividades que requieren el toque humano único. Esto último genera dudas y cierta inquietud, ya que la IA puede generar desigualdad y desempleo, problemas en la seguridad de los datos y, por tanto, en nuestra privacidad, o una importante dependencia y falta de autonomía. Esta es la parte que hay que vigilar y tratar de forma sosegada, con “inteligencia humana”.

A modo de resumen, y como la propia IA me dice: “La interacción entre la IA y la inteligencia humana promete revolucionar múltiples aspectos de la sociedad y la economía. Sin embargo, esta evolución también plantea importantes desafíos éticos, laborales y sociales que deberán ser abordados para garantizar un futuro en el que la tecnología beneficie a todos. La clave será encontrar un equilibrio adecuado entre el aprovechamiento de las capacidades de la IA y la protección de los valores humanos fundamentales”. Como dice un amigo mío, lo ha “bordao” …

Federico Argüelles Arias es médico especialista en aparato digestivo, Jefe de Sección y coordinador de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII)en el Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. Es Profesor Titular en la Universidad de Sevilla con plaza vinculada a su plaza asistencial en el mencionado hospital. Ha sido Presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y es el Presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).

14/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


A modo de introducción

La tecnología lo que hace es aumentar las posibilidades de actuación del ser humano, pero como siempre se ha dicho, la tecnología es neutra, término que viene del latín neuter, que en latín no significa neutro sino “ni uno ni otro”, o “ni una cosa ni otra”. Esto significa que la tecnología puede utilizarse para hacer más bien o más mal. Por tanto, a más tecnología, más capacidad de hacer bien o mal con nuestros actos. De ahí la necesidad de que el incremento tecnológico vaya acompañado de un incremento paralelo de nuestra responsabilidad, porque de no ser así las consecuencias pueden llegar a ser desastrosas. Está pasando con la droga, que hoy está al alcance de cualquier niño. O somos capaces de formar personalidades más responsables y maduras, y desde edades más tempranas, o el futuro será muy oscuro. Y mi impresión es que esto no se está haciendo. La formación de la personalidad, o si se quiere, la ética, está en pañales y no interesa a casi nadie, y menos que a todos a los políticos. Así que no es fácil ser optimista respecto al futuro. Y cuanta más tecnología, mayor riesgo.

En cuanto a la pregunta que se me hace, mi contestación está al final de esta ponencia.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Reflexiones desde la filosofía y la ética

Diego Gracia



Diego Gracia Guillén es médico psiquiatra y filósofo. Ha sido Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, universidad en la que ha dirigido durante muchos años su prestigioso Máster de Bioética. Actualmente es Director de la Fundación Xavier Zubiri y Presidente del Patronato de la Fundación de Ciencias de la Salud. Es Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de España y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

19/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


¿Qué se puede esperar en el futuro de la interacción de la IA con la inteligencia humana?

Vaya por delante que la IA lleva décadas siendo instrumental entre nosotros, pero la IA generativa derivada de los modelos fundacionales -algo más reciente- ha provocado, literalmente, una aceleración en su infiltración en todos los sectores y en (casi) todos los niveles, lo que dificulta cualquier pronóstico acerca de a dónde llegaremos ya no a largo sino incluso a corto/medio plazo.

De manera inmediata parece claro que la IA seguirá siendo una herramienta útil más para expandir las capacidades humanas que para complementarlas y de esa manera sustituir una parte cada vez más importante del trabajo que lleva a cabo la gente. Un informe reciente de McKinsey explica el potencial de la IA generativa para cambiar la “anatomía” del trabajo, automatizando gran parte de este y que, gracias a la comprensión por parte de la IA de lenguaje natural, calcula que esto supondrá una reducción de entre el 60% y el 70% del tiempo empleado en estos momentos.

Sin embargo, al menos por ahora, la relación entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial no es espontánea o, si se quiere, enteramente fluida. Exige un cierto aprendizaje en nuevas habilidades. No es aventurado pensar que en no mucho tiempo la relación será más natural. De momento, además de la formación individual, las organizaciones habrán de repensar sus procesos con objeto de rentabilizar el potencial de la IA. Por diferentes motivos unos sectores serán más rápidos y ágiles que otros. La experiencia -y a pesar de lo radicalmente nuevo de este particular avance tecnológico la experiencia de otras innovaciones sigue siendo válida- demuestra que en los sectores de la economía en los que el peso del Estado es importante -como la sanidad y la educación- el cambio tecnológico resulta particularmente lento. Y ello a pesar de que la productividad puede aumentar enormemente en sistemas sanitarios poco sostenibles y al límite de la insolvencia. Sólo hay que pensar en la enorme cantidad de datos procedentes de fuentes distintas, inmanejables para la inteligencia humana, y con los que la IA puede, por un lado, agilizar los procesos y, por otro, identificar nuevas dianas y moléculas mucho más eficaces y eficientes.

En todo caso, no es únicamente el incremento de la productividad lo que resultará del uso extensivo de la IA. Puede anticiparse que se entrará en un nuevo territorio del conocimiento, un territorio que hoy no está al alcance de la inteligencia humana y en el que se descubrirán causas y efectos hasta ahora desconocidos. No conviene olvidar, sin embargo, que lo desconocido puede tener de entrada una connotación positiva e incluso esperanzadora, pero puede arrastrar también consecuencias amenazantes, difíciles de anticipar y, por tanto, difíciles de prevenir.

Con respecto al futuro de la relación entre la inteligencia humana y la IA quizá esta última se encuentre en mejores condiciones que nosotros para desarrollar con éxito ese ejercicio de prospectiva. La capacidad de los seres humanos para anticipar el futuro es muy pobre en todos los campos, aunque, en alguno en particular -especialmente cuando hay rentabilidad económica de por medio- esa capacidad está especialmente bien valorada (sospechosamente por los propios interesados). Psicólogos y expertos en economía del comportamiento han identificado perfectamente nuestros sesgos a la hora de tratar de anticipar el futuro. Y han comprobado retrospectivamente que el azar explica mejor el resultado que cualquiera de los criterios utilizados en la predicción. La inteligencia artificial tiene la capacidad, “a priori”, de evitar esos sesgos tan “humanos” siempre que no se introduzcan en los algoritmos, y de contribuir por ello a la prevención de situaciones que escapan a nuestras posibilidades.

Pero las imperfecciones presentan algunos aspectos positivos al escapar de la uniformidad y la excesiva rigidez del espacio matemático. La inteligencia humana tiene virtualidades que, al menos hoy en día, matizan alguna de las “prescripciones” que puedan derivarse de la inteligencia artificial. Estas ventajas estarían incluidas de manera genérica en lo que conocemos como sentido común. Aunque no hemos de ser ingenuos. Aquí nos movemos en un terreno un tanto ambiguo y en el que es difícil valorar la frontera que separa el sentido común con los sesgos que he mencionado anteriormente. Hay otras cualidades humanas de las que la IA puede evadirse como los juicios morales. No voy a entrar en como la sociedad ha evolucionado en este aspecto. Pero no resulta fácil anticipar como podrían incorporarse a la IA toda vez que les damos valor y no estamos dispuestos a renunciar a ello. Aunque es posible que en algunas ocasiones los usuarios de la IA prefieran evitar cualquier clase de enjuiciamiento moral. Todo ello forma parte de las muchas incógnitas que quedan por despejar, si es que alguna vez se despejan o quizá la propia evolución, por defecto, pase por encima de todo esto y ni siquiera seamos conscientes de cómo ha sucedido.

Enrique Castellón Leal es médico internista. Ha sido Director General del Servicio Gallego de Salud (1991-1995), Viceconsejero de Sanidad y Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid (1995-1996). y Subsecretario del Ministerio de Sanidad y Consumo (1996-2000). Es fundador y Presidente del Consejo de Administración de Cross Road Biotech Inversiones Biotecnológicas (CRB Inverbío SGEIC SA).

19/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Se me ha pedido opinión sobre la IA. No me considero cualificada para esta misión, ya que es un término nuevo para mí, pero lo que sí puedo ofrecer es mi punto de vista sobre la evolución de las máquinas en nuestras vidas.

Creo recordar que desde la «revolución industrial» a día de hoy, las máquinas han ido sustituyendo trabajos realizados por seres humanos.  Dichos avances los veíamos en  películas de ciencia ficción que hoy son realidad (máquinas que procesan datos más rápido y eficazmente, robots que son capaces de llegar dónde el ser humano no, máquinas que disminuyen o eliminan tumores). En comunicación no hay barreras ni distancias (puedes hablar con videollamadas o  “whatsapps” a cualquier parte del mundo, sin moverte del sillón. Se puede matar y destruir una parte de la tierra desde la otra, etc.). Todo ello ha mejorado y aumentado nuestra calidad de vida, reconociendo el lado negativo (despidos). Esto ha llevado a problemas de salud y económicos, «hacker”. Creo que se tendrán que hacer leyes y crear códigos éticos actualizados que abarquen la protección de todos (administraciones, bancos y sobre todo al usuario).

Creo necesario la formación del usuario de todo rango desde el profesional al usuario de a pie; no tenemos más que fijarnos en el caos que se causó en la banca.

En resumen creo en la IA, siempre supervisada por humanos; no quiero imaginarme que un conjuntos de códigos y datos en el futuro decida a quién se trata de una enfermedad y a quien no.

Ana María Rumayor Valdés es la presidenta de la Asociación Cántabra de Personas con Afecciones Hepáticas, Trasplantados y Familias (THEPACAN) y vocal de la Junta Directiva de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos (FNETH).

22/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Cuando hablamos de inteligencia artificial con los pacientes nos encontramos dos posturas, por un lado, un cierto temor a todo esto de las nuevas tecnologías, algo desconocido y que no sabe uno muy bien cómo enfrentarse y de que forma le puede afectar en su vida, en su enfermedad, es su tratamiento o consulta con su médico.

¿Acaso perderemos ese bien tan necesario como es la relación médico-paciente y que tanto ayuda y favorece en el tratamiento de la enfermedad y en la implicación del paciente en su gestión?

Por otro lado, a muchos pacientes les sugiere, esperanza, ilusión.

Esperanza en que su enfermedad o tratamiento va a tener una evolución y una mejora en el conocimiento y abordaje.

Ilusión en ese diagnóstico temprano y por consiguiente con mejores perspectivas de tratamiento y salud.

Son muchos los que piensan o pensamos que esta nueva tecnología va a suponer un cambio de 360 grados en la forma de trabajar en sanidad.

Siempre desde los tiempos más antiguos, era el paciente quien acudía a la consulta de su medico aquejado de un dolor una fiebre o una molestia y esa actuación, llevaba a un diagnóstico y un tratamiento.

Este modelo sigue funcionando en la actualidad, tanto en primaria como en hospitalaria.

Pero con esta nueva tecnología, con esas grandes bases de datos, nuestros datos, y aplicando los filtros y parámetros necesarios, nos podemos encontrar con una administración sanitaria que se anticipa y adelanta a esos primeros síntomas o problemas de salud, pasando de reactivos a ser proactivos.

Un nuevo modelo de gestión y visión, con dos parámetros muy claros, la prevención y una mejora en la gestión del gasto sanitario.

Así que termino como empecé, temor y esperanza son los dos sentimientos que tendrán que convivir al igual que la inteligencia artificial y la inteligencia humana.

Esperemos que todo ello siempre con el propósito y el enfoque de la relación médico-paciente y que la profesión sanitaria, siga trabajando como hasta ahora centrada en el paciente, en su paciente.

Pronto en una década, España se convertirá en el país más envejecido del mundo

El gran reto del futuro o quizás ya del presente es, el abordaje a este envejecimiento de nuestra población, con una cronicidad actual del 54% y sabiendo que esto va en aumento y por otro lado , la enorme presión asistencial que tenemos en la sanidad hacen que muchos veamos a la inteligencia artificial, como una tecnología que facilitara y mejorara la atención de todos los pacientes.

Andoni Lorenzo Garmendia es empresario y paciente crónico. Durante 9 años fue presidente de la Asociación de Diabetes de Álava (ADA) (2006 -2015) y durante 7 años lideró la Federación Española de Diabetes (FEDE) (2012 – 2020). Desde 2016, es presidente del Foro Español de Pacientes, donde promueve la participación activa de los pacientes en el Sistema Nacional de Salud. Además, Andoni Lorenzo es miembro del Comité de Seguridad de Medicamentos de Uso Humano en la Agencia Española de Medicamentos y asesor del Comité Científico Asesor Externo de CIBERESP. En el Ministerio de Sanidad, forma parte del comité estratégico de Atención Primaria, del comité de seguridad del paciente y del plan estratégico contra el Ictus. También colabora como evaluador externo en el Instituto de Salud Carlos III.

29/07/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Desde hace tiempo veníamos leyendo en la literatura científica acerca de Inteligencia artificial (IA) en Medicina distintos conceptos que aparecían en nuestras fuentes, aunque percibíamos que los avances eran lentos y no se disponía de aplicaciones para nuestra práctica diaria o eran en un ámbito muy limitado. Sin embargo la aparición de los modelos de IA generativa o basadas en el lenguaje natural, han supuesto una transformación radical y lo que hace poco parecía una especulación, se ha convertido ya en una realidad incontestable.

La IA es una tecnología completamente disruptiva que está cambiando la humanidad y de manera muy especial la Medicina y la asistencia sanitaria. Las herramientas actuales de IA cubren toda la vida de los humanos, abarcando desde el diagnóstico genético prenatal, la interpretación de imágenes, la estratificación del riesgo en urgencias, el diagnóstico diferencial en escenarios complejos, hasta la identificación de dianas terapéuticas y el diseño acelerado de fármacos. Los sumarios de las revistas médicas están llenos de artículos relacionados y de experiencias prácticas, en muchos casos con decenas de miles de pacientes, muchas de ellas con un impacto impresionante.

Para vislumbrar la potencial reducción del error con la IA en Medicina hay que entender la forma de razonamiento humano y la de actuación de las herramientas de IA. La mente humana procesa la información de dos maneras fundamentales con el llamado sistema de procesamiento dual: Tipo 1: intuitivo o automático; Tipo 2: analítico o controlado. En realidad hay poco razonamiento en la forma 1, que se adquiere por la repetición de experiencias previas, es muy rápido-cuasi inconsciente-altamente eficaz para muchas tareas de la vida diaria y se aplica en la mayor parte de las decisiones de la práctica médica (reglas de oro del pensamiento automático), también conocido como heurística. Hay reglas que pasan de generación en generación entre médicos; sin embargo esta modalidad, está muy expuesta a las distracciones por factores del contexto y yerra en algunos pacientes, generando la mayoría de los errores diagnósticos.  En situaciones especiales se requiere una reflexión consciente (razonamiento hipotético-deductivo), deliberada, lenta, y fiable, siguiendo la lógica racional y las leyes de la ciencia, que está menos expuesta al error (forma 2). Esta modalidad consume muchos recursos y tiempo, por lo que no se puede usar de manera generalizada y sistemática. La ventajas de IA en la potencial reducción del error respecto al razonamiento humano, es que no usa la forma 1 de toma de decisiones y que no consume tiempo ni recursos en la forma 2 de “razonamiento”. Posiblemente uno de los mayores desafíos de la aplicación de las herramientas de IA en Medicina es como complementar la inteligencia y conseguir una secuencia de actuación de forma 2 con la IA, seguido de forma 1 o 2 del médico en función de la complejidad del caso, lo que sería una combinación de “inteligencia natural” e “inteligencia artificial”.

La introducción de una tecnología tan poderosa y transformadora, implica unos riesgos y potenciales perjuicios que no pueden ser soslayados. Varios de ellos son de índole ético-legal, como el mantenimiento de la privacidad y la seguridad de la información, la evitación de los sesgos y la discriminación,  la clarificación de la propiedad intelectual, la responsabilidad y la rendición de cuentas, la garantía de transparencia, el consentimiento informado y su potencial impacto en la relación médico-enfermo. Otros dilemas que se plantean tienen que ver con los criterios de evaluación de acuerdo con unos estándares como se hace con de otras tecnologías médicas o fármacos antes de su aprobación e incorporación a la práctica, la estandarización, el riesgo de pérdida de destrezas por parte de los expertos, el impacto en la automatización de procesos y en el empleo, o la posibilidad de oligopolio de esta tecnología. Según de vaya expendiendo el uso de la IA en Medicina se incrementarán los problemas éticos dependiendo de cómo se hayan entrenado los modelo y de cómo se formulen la consultas; los usuarios tienen que entender que las decisiones y los valores humanos pueden influir en los resultados.

La regulación de la IA generativa en medicina y en asistencia sanitaria sin limitar ni cohibir todo su potencial es oportuna y crítica para garantizar la seguridad, mantener los estándares éticos y proteger la privacidad de los pacientes. El liderazgo de la innovación en Medicina reside en los expertos y en las sociedades científicas en su campo de conocimiento tenemos que estar preparados para este desafío.

Ante esta encrucijada hay numerosas preguntas esenciales que deberíamos contestar con premura:

•     ¿Cómo se van a evaluar la herramientas de IA antes de su aprobación e incorporación a los centros sanitarios?

•     ¿Cuál va a ser el papel de los médicos en el desarrollo de estas herramientas?

•     ¿Podrá imponer una herramienta determinada o un paciente que la use su criterio al del clínico? ¿Qué ocurrirá en casos de discrepancia y cuál será la responsabilidad médico-legal en ambas situaciones?

•     ¿Cuál será el impacto en cada una de las especialidades médicas y en sus oportunidades laborales?

•     ¿Podrá la IA disminuir el incentivo profesional y el interés de los médicos por hacerse expertos en un campo de la Medicina? ¿Perderemos muchos expertos, y ante su falta quién corregirá los errores de las herramientas de IA?

•     ¿Cuál va a ser el impacto de la IA en la relación médico-enfermo?

•     ¿Como se van a considerar las características individuales del paciente que son esenciales para tomar una decisión?

•     ¿Cómo se van a formar los médicos residentes, de qué manera se van a renovar los programa formativos de las especialidades y cómo se van a actualizar los especialistas con experiencia para incorporar estas herramientas de IA?

•     ¿Vamos a poder financiar públicamente las tecnologías diagnósticas y terapéuticas de la Medicina de Precisión basadas en la IA?

•     ¿Va la IA a generar inequidad entre la población?

Demasiados interrogantes y pocas respuestas. Sin embargo, contestar preguntas bien formuladas es la esencia del progreso científico. Este panorama es un reto apasionante para estas generaciones al que tenemos que contribuir los médicos sin perder una perspectiva inmutable: los principios éticos tradicionales de la Medicina de aplicar el mejor conocimiento científico vigente en beneficio del paciente individual y, a la vez, la consideración de su impacto global en la sociedad.

¿Qué podemos esperar a corto, medio y largo plazo de la IA?

-     Corto plazo: incertidumbre, desconcierto profesional, inseguridad de los clínicos, problemas éticos y médico-legales, introducción de tecnologías sin suficiente evaluación, explosión de conocimiento, regulación de uso y liderazgo de los adaptadores tempranos.

-     Medio plazo: evaluación tecnológica estandarizada, incorporación de tecnología a la práctica rutinaria, cambio en los sistemas formativos de pre y postgrado, normas de uso claras, involucración progresiva de los profesionales, optimización del tiempo médico, cambio cultural en médicos y pacientes.

-     Largo plazo: integración completa de la IA en la toma de decisiones rutinaria, cambio en el paradigma de la Medicina y en el rol de los médicos, y difusión entre los pacientes.

Javier García Alegría Javier García Alegría es médico internista, Director del Servicio de Medicina Interna del Hospital Costa del Sol de Marbella. Ha sido Presidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y de la Federación Española de Asociaciones Científico Médicas de España (FACME).

04/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Una fuerza transformadora

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una fuerza transformadora en muchos aspectos de la sociedad moderna, y la medicina no es una excepción. Como aficionado a la IA, me emociona el potencial que esta tecnología tiene para mejorar nuestras vidas y, en particular, la atención médica. En este artículo, exploraré mis pensamientos sobre lo que podemos esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción entre la IA y la inteligencia humana. También abordaré algunas de las preocupaciones comunes que rodean esta tecnología, como la posibilidad de ser reemplazados por IA, la pérdida de nuestra capacidad para pensar por nosotros mismos y la amenaza a nuestra creatividad.

Corto Plazo: Optimización y Asistencia

En el corto plazo, la IA ya está mostrando su capacidad para optimizar y asistir en diversas áreas de la medicina. Actualmente, vemos cómo los algoritmos de IA pueden analizar grandes cantidades de datos médicos para identificar patrones que los seres humanos podrían pasar por alto. Por ejemplo, en el diagnóstico de enfermedades, la IA puede comparar imágenes médicas con una vasta base de datos de imágenes previas para detectar anomalías sutiles, a menudo con una precisión superior a la de los humanos.

Además, los asistentes virtuales y los sistemas de soporte de decisiones clínicas están ayudando a los profesionales de la salud a tomar decisiones más informadas. Estos sistemas pueden proporcionar recomendaciones basadas en las últimas investigaciones y guías clínicas, lo que facilita el trabajo de los médicos y mejora los resultados para los pacientes.

Medio Plazo: Colaboración y Innovación

A medio plazo, espero ver una colaboración aún más estrecha entre la IA y los profesionales de la salud. La IA podría asumir muchas de las tareas repetitivas y administrativas que consumen tiempo, permitiendo a los médicos centrarse en aspectos más complejos y humanos del cuidado del paciente. Por ejemplo, la automatización de la documentación médica y la gestión de registros podría liberar una cantidad significativa de tiempo para que los médicos se dediquen a la atención directa al paciente.

Además, la IA tiene el potencial de impulsar la innovación en la investigación médica. Los algoritmos de IA pueden analizar datos de ensayos clínicos y estudios de investigación para identificar nuevas terapias y enfoques de tratamiento más rápidamente de lo que sería posible con métodos tradicionales. Esto podría acelerar significativamente el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos, beneficiando a pacientes de todo el mundo.

Largo Plazo: Transformación y Replanteamiento de la Inteligencia Humana

A largo plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana podría llevar a una transformación profunda de nuestra comprensión de la inteligencia y la creatividad. Sin embargo, este es también el punto donde surgen las preocupaciones más profundas y filosóficas sobre el futuro de la humanidad.

¿Seremos reemplazados por la IA?

Es poco probable que la IA reemplace completamente a los seres humanos en todos los dominios. Si bien la IA puede superar a los humanos en tareas específicas, carece de la capacidad para replicar la complejidad de la inteligencia humana en su totalidad. La empatía, la intuición y la capacidad para comprender contextos complejos son áreas en las que la inteligencia humana aún tiene una ventaja significativa. En lugar de ser reemplazados, es más probable que trabajemos en colaboración con la IA, utilizando sus fortalezas para complementar las nuestras.

¿Nos volveremos menos inteligentes?

La preocupación de que nos volvamos menos inteligentes debido a nuestra dependencia de la IA es válida, pero también depende de cómo utilicemos esta tecnología. Si confiamos ciegamente en la IA para tomar decisiones sin comprender los fundamentos, podríamos ver una disminución en nuestra capacidad para pensar críticamente. Sin embargo, si usamos la IA como una herramienta para aumentar nuestras capacidades y mejorar nuestra comprensión, podríamos ver una mejora en nuestra inteligencia general. La clave está en educarnos para utilizar la IA de manera efectiva y consciente.

¿Perderemos nuestra creatividad?

La creatividad humana es una de nuestras cualidades más distintivas y valiosas. Aunque la IA puede generar arte, música y otros productos creativos, lo hace basándose en patrones y datos preexistentes. La creatividad humana, por otro lado, surge de la experiencia personal, la emoción y la capacidad de conectar ideas de maneras únicas. Si bien la IA puede inspirarnos y ayudarnos a explorar nuevas posibilidades, es improbable que reemplace la esencia de la creatividad humana. Más bien, la IA puede convertirse en una herramienta poderosa que potencie nuestra capacidad para crear.

Reflexión Final

Es natural sentirse cauteloso ante una tecnología tan poderosa como la IA. Sin embargo, creo firmemente que la IA tiene el potencial de ser una fuerza positiva para la humanidad, especialmente en el campo de la medicina. En el corto plazo, optimizará y asistirá; en el medio plazo, colaborará e innovará; y en el largo plazo, transformará y nos llevará a replantearnos nuestra inteligencia.

No debemos ni podemos temer ser reemplazados por la IA, sino más bien aprender a trabajar con ella y utilizar sus capacidades para mejorar nuestras propias habilidades. La educación y la conciencia serán cruciales para asegurarnos de que no perdamos nuestra capacidad de pensar críticamente ni nuestra creatividad. En lugar de ver a la IA como una amenaza, deberíamos verla como una herramienta que, cuando se utiliza correctamente, puede llevar a la humanidad a nuevas alturas de innovación, comprensión y bienestar.

En conclusión, el futuro de la interacción entre la IA y la inteligencia humana es prometedor. Si navegamos estos cambios con cuidado y conciencia, podemos esperar un mundo en el que la IA no solo mejora nuestras vidas, sino que también amplía los límites de lo que significa ser humano.

José Presa Ramos es médico internista especializado en hepatología. Dirige la Unidad de Hepatología de la Unidad Local de Salud Trá-os-Montes e Alto Douro en el Hospital São Pedro en Vila Real (ULSTMAD-Vila Real), Portugal. Es el Presidente de la Asamblea General de la Asociación Portuguesa para el Estudio del Hígado (APEF).

05/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


¿Qué podemos esperar de la suma de la inteligencia humana y la artificial?

El campo de la inteligencia artificial tiene siete décadas de historia, al menos si atendemos a la fecha en la que se pone en el mapa de la opinión pública. En sus orígenes no hubo un objetivo práctico, pensando en lograr nuevas herramientas al servicio del trabajo, la salud, la educación o el ocio humanos, pongamos por caso. Bien al contrario, la IA partió de la conjetura, que todavía lo es, de que cualquier aspecto de la memoria, el aprendizaje o la inteligencia humana en su conjunto, podrían ser simulados con el detalle suficiente en las computadoras, entonces incipientes. Hoy, sin embargo, todo se mueve alrededor del pragmatismo. Buscamos resolver problemas, aumentar la productividad, mejorar cualquier medio al servicio humano… Por ejemplo, en el campo de la medicina, la IA busca ir más allá del saber y poder humanos.

La IA nos permite amplificar nuestras capacidades cognitivas, sobre todo, y estas se dedican en general a lo que más nos importa. Educar, curar, investigar, crear… Darles nuevos instrumentos a nuestras capacidades para pensar, razonar, planificar, resolver problemas y aprender de nuestras experiencias, por ejemplo, nos lleva a pensar que podemos cambiarlo todo y está en nuestra mano que sea para nuestro bien. En el ámbito económico, por ejemplo, la IA puede optimizar procesos industriales, predecir tendencias de mercado y personalizar experiencias de consumo inimaginables hasta hace unos pocos años. En el mundo de la creación artística permitirá crear nuevas obras de literatura, pintura o música a los artistas, abriendo nuevas posibilidades a la creación humana. En el ámbito de la salud, cuyo progreso ha estado indisolublemente ligado a los avances científicos y los desarrollos tecnológicos, contamos ahora con la posibilidad real de avanzar en el diagnóstico y tratamiento personalizados, de acelerar y abaratar el descubrimiento de nuevos fármacos, al menos en un orden de magnitud, de llegar, en definitiva, no solo a donde no llega el ojo clínico, sino nuestras capacidades humanas.

Todo esto es cierto y estamos viéndolo cada día, a medida que nos sorprenden nuevos logros de la IA. Pero es igualmente cierto que no son pocos los riesgos y amenazas que se ciernen sobre nosotros si no tenemos la voluntad y el acierto de evitarlas. Pondré un par de ejemplos entre cientos. La automatización inteligente del trabajo sin otro objetivo que la sustitución humana y el ahorro de costes, traerá más problemas que ventajas. No logrará el ansiado aumento de la productividad, expulsará sin remedio a millones de personas del mercado laboral y dificultará la innovación basada en la IA, que sí debería ser el objetivo primero de la introducción de la IA en cualquier parcela del trabajo humano.

Si nos vamos al ámbito de la salud, la IA podría ayudar a universalizar la atención médica, al menos una atención básica, al proporcionar herramientas baratas de diagnóstico y tratamiento a regiones del mundo con acceso limitado a la sanidad y, en particular, a la medicina especializada. Aplicaciones de telemedicina, respaldadas por IA, pueden ofrecer consultas médicas y monitorización en remoto, cerrando, al menos en parte, la brecha entre las poblaciones urbanas y rurales y entre los países ricos y pobres. Pero esta es una posibilidad, deseable, pero solo una posibilidad. Lo cierto es que salvo que haya una voluntad expresa y la inversión necesaria para llevarla a la práctica, las tecnologías suelen conducir de forma espontánea al agigantamiento de las brechas en la riqueza, la educación o la salud, y las tecnologías inteligentes no son una excepción, bien al contrario.

Por otra parte, el que se haya abandonado el objetivo con el que nació la IA en beneficio de una visión absolutamente pragmática y un tanto reduccionista, puede privarnos de progresos mucho mayores que los que estamos obteniendo. Abandonar los objetivos científicos para enfocarse casi exclusivamente en los económicos nunca fue nuestra mejor opción. De hecho, con un enfoque tan reduccionista de la ciencia no contaríamos hoy con los rayos X, la Resonancia Magnética Nuclear, la radioterapia o las vacunas de ARN mensajero.

Senén Barro Ameneiro es físico, Catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial y director científico del CiTIUS (Centro Singular de Investigación en Tecnologías Inteligentes de la Universidad de Santiago de Compostela – USC). Ha sido Rector de esta universidad, Vicepresidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) y presidente de RedEmprendia. Es  socio fundador de SITUM Technologies e InVerbis, Miembro de la Real Academia Gallega de Ciencias y Premio Nacional de Informática José García Santesmases 2020.

13/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


¿Qué va a ser de nosotros en nuestra interacción con la inteligencia artificial? 

Perspectiva de un Médico de Familia

La inteligencia artificial (IA) se está introduciendo en todos los aspectos de la vida, y la medicina no es una excepción. Como médico de familia (MF) que comienza a explorar el mágico mundo de la IA, es natural preguntarse qué podemos esperar de la interacción entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana tanto a corto, medio y largo plazo. Para mí, este es un tema que cobra aún más relevancia después de mi reciente experiencia en la sesión inaugural del congreso de medicina de familia, donde se abordaron precisamente estas preocupaciones.

Hace poco más de un mes, tuve la oportunidad de asistir a la sesión inaugural de mi congreso de medicina de familia, donde se realizó una demostración sorprendente. El conductor del evento hizo una serie de preguntas a una inteligencia artificial, muchas de las cuales reflejaban el sentir de los médicos asistentes. Uno de los temas que generó más debate fue la dificultad para entender cómo la IA podría aplicarse en el día a día de la consulta de un MF. Otros, manifestaron su preocupación de poder ser desplazados por la IA y otros señalaban su convencimiento de que la empatía del ser humano es algo que, por el momento, parece imposible de replicar.

Esta experiencia me hizo reflexionar: ¿Realmente la IA puede sustituir al médico de familia, o más bien está destinada a complementar nuestra actividad?

En el corto plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana en la Atención Primaria se manifestará principalmente a través de herramientas diseñadas para mejorar la eficiencia en la consulta diaria. Un ejemplo claro es el uso de sistemas de IA para gestionar la historia clínica electrónica de manera más eficaz. Podremos ver la integración de asistentes de IA en las consultas, ofreciendo recomendaciones en tiempo real mientras los médicos interactúan con los pacientes. Estos sistemas pueden automatizar tareas repetitivas, como la actualización de registros o la emisión de recordatorios para el seguimiento de pacientes crónicos.

Un ejemplo práctico: Imaginemos un sistema de IA que analiza no solo los datos clínicos de un paciente, sino también su historial genético y datos de su estilo de vida recopilados a través de dispositivos wearables. Este sistema podría sugerir un plan de tratamiento para la hipertensión que se adapte específicamente a las necesidades del paciente, mejorando así la adherencia y los resultados clínicos, o como la implementación de asistentes virtuales que, basados en IA, nos ayuden a priorizar pacientes según la gravedad de sus síntomas. De esta manera, la IA no reemplaza al médico, sino que lo apoya, permitiéndole concentrarse en los casos que requieren su atención inmediata.

En resumen, la IA actúa como un aliado que facilita la toma de decisiones y reduce la carga administrativa, permitiendo que el médico de familia se enfoque en lo más importante: el cuidado del paciente.

Con una mirada a mediano plazo, creo que podemos anticipar que la IA desempeñará un papel más activo en la toma de decisiones clínicas. Esto incluirá sistemas de IA que, alimentados por ingentes cantidades de datos, ayudarán a los médicos de familia a identificar patrones complejos y hacer diagnósticos más precisos.

Por ejemplo, la IA podría analizar datos de un paciente, incluyendo antecedentes médicos, resultados de pruebas y registros de salud digital, para sugerir diagnósticos diferenciales que podrían no ser evidentes a simple vista. Imaginemos un sistema que detecta una combinación de síntomas aparentemente no relacionados y sugiere al médico considerar una enfermedad rara que podría haber pasado desapercibida. Esto ya se ha implementado en la actualidad en la H.ª Clínica de un servicio de salud.

Sin embargo, es importante señalar que estos sistemas no tomarán decisiones por sí mismos. El MF seguirá siendo el encargado de interpretar estas recomendaciones y decidir el mejor curso de acción para el paciente. La IA, en este caso, actúa como un segundo par de ojos, ayudando a reducir el riesgo de errores y mejorando la calidad del cuidado, pero siempre bajo la supervisión y el juicio clínico del médico.

Mirando a largo plazo, la IA podría llevar a una transformación más profunda en la práctica de la MF. Es posible que los sistemas de IA evolucionen hasta el punto en que sean capaces de realizar diagnósticos completos y proponer planes de tratamiento de manera autónoma. Esto plantea una pregunta crucial: ¿será posible que la IA reemplace al médico de familia?

Creo que, aunque la IA podría asumir muchas funciones técnicas, hay aspectos del cuidado médico que son intrínsecamente humanos y difíciles de replicar. La empatía, la capacidad de establecer una relación de confianza con el paciente, y el entendimiento de las complejidades emocionales y sociales que afectan la salud son habilidades que, hasta ahora, la IA no ha logrado emular.

La IA también permitirá una atención predictiva, anticipando brotes de enfermedades y ayudando en la planificación de intervenciones a nivel comunitario. Los médicos de familia deberán desarrollar habilidades de gestión y comunicación interpersonal, y estar preparados para integrar la tecnología en su práctica diaria.

Por lo tanto, en lugar de ser reemplazados, los MF podríamos ver cómo nuestro rol evoluciona. La IA podría encargarse de tareas más rutinarias, liberando a los MF para que se enfoquen en aspectos más humanísticos del cuidado, como el apoyo emocional y la educación del paciente. Esto también podría permitir una atención más personalizada y un enfoque preventivo, en lugar de reactivo, hacia la salud.

Para que los MF puedan aprovechar al máximo la IA en su práctica diaria, es fundamental que adquieran un entendimiento básico de cómo funciona esta tecnología. Esto incluye familiarizarse con conceptos como machine learning, que es la capacidad de la IA para aprender y mejorar a partir de la experiencia, y el procesamiento de lenguaje natural, que permite a los sistemas de IA comprender y responder a las consultas humanas de manera más efectiva.

Igualmente, importante es reconocer las limitaciones de la IA. Los sistemas de IA pueden ser extremadamente útiles, pero también pueden estar sujetos a sesgos y errores. Es crucial que los médicos de familia utilicen la IA como una herramienta complementaria y mantengan un enfoque crítico y reflexivo en su uso. Además, debemos mantenernos al tanto de las normativas y principios éticos relacionados con el uso de IA en medicina, asegurándonos de que su aplicación respete siempre la privacidad del paciente y promueva su bienestar.

Como médico de familia, mi esperanza es que la IA se convierta en una herramienta poderosa que complemente nuestro trabajo, permitiéndonos ofrecer una atención más precisa y personalizada sin perder de vista la importancia del toque humano. La clave estará en encontrar un equilibrio, utilizando la tecnología para mejorar nuestras capacidades sin dejar de lado la empatía y el cuidado que son la esencia de la medicina.

En resumen, la interacción entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana en la Atención Primaria promete cambiar la forma en que practicamos la medicina, pero no eliminará la necesidad de médicos de familia. A corto plazo, la IA mejorará la eficiencia en la consulta; a medio plazo, proporcionará un soporte avanzado en la toma de decisiones clínicas; y a largo plazo, podría transformar el rol del médico, potenciando el aspecto humanístico y preventivo de la atención del MF.

Y como conclusión final, mi recomendación es que los MF que se están iniciando en la IA, deben ver esta tecnología como una aliada, no como una amenaza, deben aprender sobre su funcionamiento, mantenerse actualizados sobre las últimas tendencias y participar junto a sus Sociedades Científicas en la discusión sobre cómo debería implementarse en la práctica clínica. De esta manera, podrán utilizar la IA para mejorar el cuidado de sus pacientes, sin perder de vista el componente humano que es esencial en la medicina.

Benjamín Abarca Bujan es médico de familia. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y secretario general de la Federación de Asociaciones Científico Medicas Españolas (FACME).

14/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


No soy experta en esta materia pero una persona a la que admiro, Fernando Carballo, me decía que es interesante escuchar la opinión no solo de los expertos en el tema, sino conocer reflexiones de personas que estamos en el ecosistema sanitario, que hemos estado en puestos de responsabilidad donde hemos accedido a mucha información de valor, compartido reflexiones con expertos y menos expertos en IA y escuchado ponencias y charlas desde que se acuñó este término hasta hoy. Actualmente, la IA es una realidad como herramienta al servicio de los distintos agentes del sistema sanitario, pero que nunca podrá sustituir la inteligencia natural de aquellos protagonistas que ejercen la atención sanitaria sobre el ciudadano, en su condición de ciudadano sano que ejerce su libertad en materia de prevención como un ejercicio de corresponsabilidad y también ante el paciente.


Es indudable que hemos asistido a una revolución tecnológica que nos ha aportado soluciones ante problemas clínicos no resueltos y la IA es un desarrollo que precisamente ha revolucionado la práctica médica y lo hará con mayor intensidad en la medida que vayan surgiendo aplicaciones más desarrolladas que den confianza y credibilidad.

El pasado12 de julio se publicaba el reglamento de IA a nivel europeo que abarca todo el amplio espectro donde la IA puede tener desarrollo y el objetivo es establecer un marco normativo sólido y consistente. Literalmente expresa la necesidad de regular los usos de la IA para limitar los riesgos que de su utilización indebida puedan derivarse. Ha entrado en vigor el 1 de agosto, por lo que ¡no puede estar de mayor actualidad!

El Reglamento define «sistema de IA» como aquel que opera con elementos de autonomía y que, basándose en entradas de datos obtenidos de máquinas o humanos, infiere como alcanzar los objetivos propuestos, usando para ello técnicas basadas en el aprendizaje-máquina o en lógica y conocimiento, y aporta como resultados: contenidos, predicciones, recomendaciones o decisiones que influyen en el entorno en el que el sistema interactúa.

la IA es el uso de la tecnología digital para crear sistemas que puedan realizar tareas que por lo general se considera que requieren inteligencia humana, pero con un entrenamiento adecuado de las máquinas pueden alcanzar el desarrollo de esas tareas, y el gran avance de la IA es la disponibilidad de grandes cantidades de datos acompañados de programas informáticos de alto potencial que han generado importantes avances. 

En el campo de la salud, indudablemente, supone una revolución en el campo de la prevención y en los diagnósticos médicos que acelerarán la identificación de patologías que podrán ser tratadas en estadios primarios e incidirán en tratamientos más eficaces y en tiempos más cortos, con lo que supone de mejora de la calidad de vida del paciente y por qué no en disminuir el gasto sanitario. Lo que está claro es que el médico dispondrá o ya dispone de herramientas de alto valor pero su conocimiento, sus capacidades, su presencia activa sigue siendo el pilar de desarrollo del sistema sanitario en su conjunto y en la toma de decisiones….

Margarita Alfonsel Jáen es farmacéutica especializada en análisis clínicos, radiofármacos, microscopia electrónica y técnicas microbiológicas específicas. Ha sido secretaria general de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (FENIN), entre 2001 y 2023, y de la
Fundación Tecnología y Salud, de la que fue cofundadora en 2007. En la actualidad es directora del Observatorio de la Sanidad de EL ESPAÑOL e Invertia.

16/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Lazarillos de Tormes de la Inteligencia Artificial

Antes de nada, y en un obligado ejercicio de honestidad, me gustaría dejar constancia de que no soy ni de lejos un experto en Inteligencia Artificial (IA), sino, más bien, todo lo contrario. Hasta hace un par de años, mi escaso conocimiento acerca de esta disruptiva tecnología, cuyo origen puede remontarse a la II Guerra Mundial pero que ahora ha irrumpido con la fuerza de un volcán después de un incomprensible periodo de parón, procedía del cine. Más concretamente, de los inquietantes mensajes ocultos en la saga Terminator y en la mucho menos conocida película de Steven Spielberg que acuña el mismo nombre que la temática de este artículo. ¿Puede llegar la IA a cobrar conciencia plena y conjurarse para destruir todo vestigio humano? ¿Será capaz algún día de adquirir sentimientos más puros incluso que los que manifiestan las personas de carne y hueso? Las respuestas a estas inquietantes preguntas siguen latentes todavía hoy y todo apunta a que lo seguirán estando durante bastante tiempo. 

También sabía superficialmente de la IA, todo sea dicho, por algunas partidas sonadas entre robots y humanos que fueron divulgadas a través de los medios de comunicación como si de competiciones deportivas apocalípticas u ordalías medievales se tratara. Particularmente interesante en este sentido fue la serie de enfrentamientos mantenidos en 2016 entre el maestro coreano Lee Se-dol y el programa AlphaGo, desarrollado por DeepMind, en el milenario Go. Baste conocer que la complejidad de este juego chino es mayor que la del ajedrez y que existen más posiciones posibles en un tablero que átomos en el universo. Retransmitidas por streaming ante alrededor de 200 millones de personas, la Inteligencia Artificial se impuso a la humana en cuatro de las cinco partidas disputadas, causando perplejidad entre los expertos no sólo el resultado final, sino también los sorprendentes movimientos decididos por la máquina, nunca antes vistos en 2.500 años de historia. Aquello, desde luego, me asombró, como también lo hizo la derrota del maestro Kaspárov frente a una máquina llamada Deep Blue. Desde la mítica contienda entre Spassky y Fischer de 1972, no se había producido un revuelo semejante en el mundo del ajedrez. La Inteligencia Artificial había logrado imponerse a la humana, en los albores de una revolución que no había hecho entonces sino comenzar, y que ya ha tenido en estos juegos de destreza mental la base para desentrañar, por ejemplo, el mecanismo de funcionamiento de las proteínas. 

El último rescoldo de conocimiento atesorado sobre la IA procedía de las noticias que me llegaban a cuentagotas gracias a mi actividad profesional como periodista en general, con amplia experiencia en el campo de la sanidad en particular. Tal vez se conozca, pero no está de más recordar que en el plano médico los videojuegos a los que tan enganchados se encuentran los adolescentes fueron determinantes para la revolución diagnóstica que ya está a las puertas de los hospitales. Repito, no soy especialista y este dato podría seguramente refutarse, pero parece muy probable que la incorporación de la llamada GPU (Graphics Processing Unit) en la arquitectura de los ordenadores personales, determinante para realizar simultáneamente infinidad de cálculos para el procesamiento de gráficos, fue vital para la llegada de la IA dentro del campo de la imagen. Las redes neuronales que la configuran son capaces de detectar a una velocidad de vértigo cosas que el ojo humano no percibe, al gozar de ventajas significativas en el terreno de la memoria o la representación multidimensional. Con el conocimiento atesorado por millones y millones de casos, esta inteligencia tiene sobrada capacidad para identificar casi en tiempo real las patologías de los pacientes plasmadas en las imágenes que previamente se han tomado de ellos. ¿Es fiable este diagnóstico digital? Eso es harina de otro costal, y debe dar pie a grandes análisis pormenorizados, pero lo que sí es seguro es que la solución más ampliamente adoptada en la práctica clínica que ha nutrido a la IA durante sus “entrenamientos” es la que elija ésta para emitir la valoración médica que se le demanda. Como vemos, la posibilidad de equivocación en el diagnóstico se reduce al mínimo, pero si este posible error forma parte de la base del “entrenamiento” al que se ha sometido a la red neuronal artificial, podría llegar entonces a magnificarse. En cualquier caso, la digitalización de la radiología es ya un hecho y parece que ha llegado para quedarse. ¿Significa esto que los radiólogos no serán ya necesarios? A mi juicio, sí seguirán siéndolo. Lo que será necesario es que se entrenen en IA para optimizar su forma de trabajar. Con las biopsias y su interpretación ocurrirá otro tanto. 

El mundo de la medicina es, desde luego, uno de los principales campos de prueba de la revolución de la IA que estamos viviendo. Son numerosos los expertos que hablan de su importancia crucial de cara al reposicionamiento de fármacos y al desarrollo de otros nuevos en un tiempo récord. Particularmente interesante será su papel en el combate de las resistencias a los antibióticos y en la profundización en la medicina de precisión. La IA ya es capaz de calcular de manera personalizada el riesgo de desarrollar una patología concreta, aunque aún no está exenta de errores, como los cometidos por una de las redes de IBM hace alrededor de seis años. 

Una de las grandes preguntas del millón es si la IA será capaz de sustituir a los doctores en la consulta, dada la posibilidad de que sus redes cotejen en tiempo real millones de síntomas, algunos equivalentes a los que muestre el paciente que se siente enfrente de ella. Los experimentos en este sentido empiezan a ofrecer resultados verdaderamente sorprendentes, llegando a ser difíciles de distinguir las soluciones que plantea por ejemplo una inteligencia conversacional ChatGPT con las ofrecidas por un doctor. Algunos ven en la fluidez lingüística de esta herramienta el vehículo perfecto para sustituir al médico en la realización de farragosas tareas burocráticas, pero no así en el campo clínico, en el que se podrá emplear con mayor dedicación, algo en lo que coincido plenamente. Desde mi punto de vista, el médico seguirá ejerciendo, aunque con mucha más información a su disposición para poder decidir.

En el campo periodístico puro, la irrupción de la IA ha dado pie también a debates como los que se producen en el plano médico: ¿llegarán un día las máquinas a eliminar el empleo de los profesionales de la comunicación? Puede, pero lo que sí es seguro es que obligará a los periodistas a cambiar su forma de trabajar, convirtiéndolos más en editores antes que en creadores de contenido. Los chats conversacionales son hoy capaces de enriquecer noticias en cuestión de segundos y de elaborar por sí mismos información con profusión de datos y un lenguaje exento de errores graves. En el debe de los chats figura aún el límite temporal de su entrenamiento, lo que impide que puedan confeccionar noticias en tiempo real, pero ya existen pluggins capaces de auxiliarles en esta tarea, salvando algunas de sus más graves carencias. El periodista deberá velar por la corrección de los datos proporcionados por el chat y por eliminar los errores de bulto que aún comete, y que en algunos casos son notables. No son pocas ya las redacciones digitales que hacen ya uso de la IA para incorporar cometido a sus webs y redes sociales, y aumentar los clicks y los ingresos publicitarios derivados de ello, aprovechando el vacío normativo y deontológico que existe al respecto. Al tratarse de contenido muy fugaz y con posibilidad de ser modificado sobre la marcha, los errores que incorporan las informaciones obtenidas de tal forma son más fácilmente subsanables y hasta indultables. 

Efectuado este somero repaso del punto de partida para efectuar un mínimo análisis, vayamos al meollo de la cuestión. Fernando Carballo me plantea que responda a la siguiente pregunta: ¿qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada Inteligencia Artificial y la inteligencia humana? Desde mi punto de vista, y partiendo de la base de esos conocimientos superficiales que he mencionado sobre la nueva tecnología, creo que el salto será tan grande como el que supuso la irrupción de la imprenta o el que entrañó la revolución industrial en la humanidad de aquellas fechas. Cambiará, sin duda, la forma de trabajar y, posiblemente, también la forma de educar y de pensar. Empleos claves hasta ahora desaparecerán o tendrán que reconvertirse, y surgirán otros nuevos que hace escasos años nadie imaginaba que pudieran llegar a existir. Paradójicamente, los llamados empleos creativos serán probablemente los que experimenten con mayor intensidad la velocidad de este cambio. Ya se han mencionado aquí la medicina o el periodismo, pero sucederá algo parecido en campos como el jurídico, las ingenierías o la informática. Si hasta hace poco estudiar programación era sinónimo de disponer de empleo bien retribuido casi al instante, hoy la situación se ha revertido: la IA es capaz de programar por sí misma y de aprender sobre la base de su experiencia programadora, desbaratando el trabajo de los que se dedicaban a tal menester. En este nuevo mundo que se abre los humanos serán vitales a la hora de dar sentido a la labor de la IA, ordenar su producción y guiarla hacia la dirección adecuada. Según cómo se le pregunte a un chat conversacional se obtendrá una respuesta más o menos correcta y precisa. Y para saber preguntar hay que conocer bien antes el tema por el que se pregunta. Aludí antes a los cambios en la educación y en la forma de pensar. Igual que la imprenta sustituyó la cultura oral por la cultura escrita, los chats conversacionales pueden provocar que resurja la oralidad en la enseñanza para sortear posibles plagios. A partir de ahora, empezarán a ser más frecuentes los exámenes orales, con todo lo que ello comporta de cambios en la manera de estructurar la información estudiada. La aparición de la IA también generará alteraciones sensoriales y conductuales, algo que ya sucedió en el pasado con otras revoluciones. Uno de los ejemplos más claros es el de los medios de transporte. Con su llegada, el ser humano empezó a caminar menos, un fenómeno que se agudizará a medida que se generalice la conducción autónoma. Frente a las teorías que restan valor al papel que jugarán los humanos en esta suerte de distopía, considero, como otros muchos, que ese papel seguirá existiendo, aunque distinto. Pensemos en los desplazamientos guiados por aplicaciones GPS auxiliadas por la IA. Una de las peculiaridades de la Inteligencia Artificial es que obtiene el resultado sin comprender el problema al que se enfrenta. Al marcar una dirección nos guiará hasta ella para que lleguemos de la forma más rápida, sin tomar en consideración otras particularidades como si queremos ir por lugares muy transitados o por otros que muestren una belleza natural singular. Les propongo un reto: si viven en Madrid marquen en su GPS Navalperal de Tormes, en Ávila, y diríjanse hacia allí. El camino más rápido les llevará por un camino de tierra y deberán atravesar un río con poca agua, pero río a fin de cuentas, para alcanzar su destino, lo que harán si los bajos de su vehículo resisten la aventura. Una ruta alternativa dos minutos más larga les conducirá en cambio al mismo sitio por una carretera nacional perfectamente asfaltada. El papel humano en la elección será insustituible. En este contexto, no comparto las teorías que vaticinan el final del trabajo humano tal y como lo conocemos, pero sí atisbo una revolución en la forma de trabajar. ¿Imaginaba alguien hace 20 años que un robot dirigiera una operación a cientos de kilómetros de distancia del paciente a operar? ¿Ha supuesto esto el fin de la figura del cirujano? ¿Veía alguien factible hace 20 años que un periódico pudiera realizarse a distancia, sin la existencia de una redacción? ¿Sospechaba alguien hace 40 años que a través de un ordenador podríamos conversar con otra persona situada al otro lado del planeta, ver en tiempo real cualquier lugar recóndito del planeta, acceder a milles de libros o escuchar millones de canciones? ¿Ha supuesto esto el fin de los viajes o el de, por ejemplo, los conciertos o las bibliotecas? No. La conclusión es que los humanos seremos los lazarillos de esta tecnología, a la que habrá que guiar para que no se precipite al vacío.

Sergio Alonso Puente es periodista, con especial dedicación a los temas sanitarios. Pertenece al equipo fundador del diario LA RAZÓN, del que en la actualidad es director adjunto y director de su suplemento A TU SALUD. Este suplemento es el más galardonado de todos los que se publican en la prensa española. Entre sus premios cuenta con el Jaime I de Periodismo. Es además vicepresidente de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS).

21/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Siempre es muy difícil conocer el futuro y en base a ello establecer el pronóstico. No obstante, en este caso confrontar dos elementos como son la inteligencia humana (IH) y la inteligencia artificial (IA), tan diferentes y con cambios evolutivos, muy rápidos en el caso de la IA, hace esto muy complejo, y  más todavía establecerlo por periodos de tiempo cuando la velocidad de uno de los factores comparados, la IA,  cambia y se desarrolla muy rápidamente.

          La IH se define como la habilidad de razonar, planificar, resolver problemas, pensar de forma abstracta, comprender ideas complejas y aprender de la experiencia. Esta definición incluye tres conceptos, uno resolver problemas, dos que estos problemas sean nuevos y tercero su unión con las funciones cognitivas.

          La IA es la habilidad de las máquinas para realizar tareas que típicamente requieren inteligencia humana y más concretamente como un sistema capaz de reconocer patrones cuantificables a través de acciones o respuestas mientras se alcanzan objetivos  en ambientes complejos.  Sin embargo, esta habilidad es solo una de las capacidades de Ia IH que incluye otras no factibles para  la IA como a conceptualización de un problema, la percepción multisensorial del entorno,  el procesamiento de lenguaje humano e imágenes y tomar decisiones o la consecución de objetivos o la resolución de problemas.

          Por todo lo anterior los expertos consideran que es difícil, o casi imposible, que la IA pueda sustituir a la IH en la creatividad, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y la capacidad de resolver problemas complejos, pero la IA es un instrumento que aumentará la productividad y facilitará nuevas posibilidades más que sustituir una inteligencia por otra.

          La aplicación de estos hechos hace difícil establecer las futuras relaciones entre IA e IH. Pero trataremos en los párrafos siguientes  de explicarlo.

          En primer lugar es evidente  que en la actualidad  la IA es capaz de liberarnos y facilitar actividades a la IH; sirva como ejemplo el beneficio de utilizar un procesador de textos frente a escritura manual o el manejo bases de datos complejas.

          En un futuro próximo la IA avanzara a gran velocidad y esto liberará de actividades  a la IH. No obstante esto conlleva el peligro, como señalan expertos, que esta liberación de tareas no se emplee por la inteligencia humana para usarla en actividades que no va poder desarrollar la IA a medio y largo plazo. Y esto está ya sucediendo. Sirva de ejemplo puntual como el uso de navegadores ha hecho perder capacidad de orientación e incluso se observe una cierta atrofia de zonas del rinencéfalo.  Así pues,  esta facilidad de obtener y procesar datos, que supone un ahorro de tiempo,  debería emplearse en actividades que solo la IH es capaz de desarrollar.  Esta situación peligrosa se observa a corto plazo en nuestras universidades donde la facilidad de obtener imágenes, textos científicos, que supone un ahorro de tiempo, no se refleja en los estudiantes y profesores en mayor actividad en los procesos de abstracción y establecimiento de conceptos, lo que supone una pérdida la creación científica.

          En este sentido vamos a tratar de establecer el futuro de las interrelaciones de la IA y la IH, dando por hecho, como señalan los expertos, que la IA nunca será capaz de igualar la capacidad de la inteligencia humana. Así deberemos considerar las distintas capacidades de la IA y la IH. Valga como ejemplo que la capacidad de recibir la información de la IH de forma sensorial no es factible para la IA y por tanto no captará las cosas como nosotros y por tanto será un déficit para la IA que en nuestra experiencia no logra “transfer learning” y permiten a la IH resolver los problemas con más eficiencia.

          Frente este aspecto negativo los expertos consideran que la utilización de la IA permitirá a la IH  desarrollar más el pensamiento abstracto, la imaginación y la intuición.  Este valor añadido será un factor muy importante en la selección de nuevos profesionales fundamentalmente en las áreas donde la IA ha tenido más amplio desarrollo como la ingeniería, la economía y la medicina. Los expertos establecen que las predicciones sobre la utilización de la IA en sus nuevas tendencias como ”deep learning” o aprendizaje profundo pueden lograr grandes objetivos, pero sin olvidar que las maquinas no aprenden nada. Por otra parte la IH nos permite enfrentarnos a un problema y resolverlo en base a datos de experiencia de problemas similares que hemos resuelto, lo que se denomina “transfer learning”, y así se lograrán los objetivos de forma más eficiente y esto no lo puede hacer la IA. Así pues concluimos que un futuro la IA debe lograr un mayor desarrollo en la especie humana  del pensamiento abstracto y la intuición que suponen un valor añadido de la IH sobre las maquinas.

          No obstante todo lo anterior, se considera que la IA,  a través de automatización de trabajos, mejorarála atención medica en áreas de diagnostico y terapéutica, la automatización  del hogar y vida cotidiana, el procesamiento del lenguaje natural avanzado, la creación de robots en la industria y construcción y el desarrollo de vehículos autónomos.  Todo lo anterior  entonces condicionara importantes cambios en mercado laboral, educación, cuidado de la salud, transporte y economía y comercio.

          En conclusión, la IH y la IA no van a competir sino que a través del procesamiento y recuperación de datos complejos la IA va a aportar a la IH un soporte que permitirá trabajar con más eficiencia sobre compresión de ideas complejas y abstracción de problemas. Es más, la IH va a permitir posiblemente un control ético de la IA que es una de cuestiones que mas preocupa en el futuro. Por otra parte, la IA, a través complejos y costosos desarrollos de las maquinas, así como un importante consumo de agua y energía para la refrigeración de los centros datos que necesita, va a generar desigualdades importantes en las distintas sociedades. Estos problemas e interacciones entre la IH y la IA se van a producir de forma gradual en el futuro, pero es difícil compartimentar por periodos de tiempos ya que el rápido desarrollo de la IA hace este cálculo muy difícil por no decir imposible.

BIBLIOGRAFIA.-

Baeza-Yates, Villoslada P. Human vs. Artificial Intelligence. DOI 10.1109/congMI156440.2022.00016.

Demeusois DH. Retomar el control 50 reflexiones para repensar nuestro futuro digital. Ediciones Catarata. Madrid  2024

Gignac GE, Szodorai WT. Defining  Intelligence: Brinding the gap betwwen human and artificial perspectives. Intelligence. https://doi.org/10.1016/j.intell.2024. 101832.

Kissinger HA, Schmidt ES, Huttenlocher D. La era de la inteligencia artificial y nuestro futuro. Ediciones Anaya . Madrid 2023.

Marcos de los Santos J. La IA y el futuro de la humanidad. ISBN 9798386741808. 2012.

Miguel Ángel Serra Desfilis es médico especialista de digestivo y Catedrático Jubilado de Medicina de la Universidad de Valencia. Ha sido Jefe de la Unidad de Hepatología del Servicio de Digestivo del Hospital Clínico Universitario de Valencia.  Es presidente de la comisión asesora sobre hepatitis víricas de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana.

21/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


A modo de introducción

He podido leer algunos de los interesantes artículos publicados en esta sección del blog de MedicineAI y después de reflexionar, he llegado a la conclusión de que una ponencia sobre enseñanza de la Medicina e IA que tuve que preparar el año pasado para un acto en Quito podría ser de suficiente utilidad para compartirlo. Como digo, el enfoque es sobre la enseñanza de la Medicina pero pienso que no está ni mucho menos alejado de la reflexión que se impulsa en este blog.

Xavier Bonfill (21/08/2024)

SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA MEDICINA EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Ponencia presentada al Consejo de Gobierno de la Universidad UTE, Quito. Ecuador.

Xavier Bonfill Cosp. Junio de 2023.

Sin ser yo un especialista en la materia, sí que me preocupa como profesor, investigador, ciudadano y paciente potencial cómo va a cambiar la enseñanza de la Medicina a raíz de la irrupción de la inteligencia artificial (IA). Les ruego, por tanto, benevolencia al juzgar estas ideas que he articulado consultando varios artículos de expertos (entre otros, los profesores Castells, Adell, la UNESCO o la propia IA) con la esperanza de que puedan resultar suficientemente útiles.

La rápida difusión del ChatGPT en entornos educativos ha disparado las alarmas. Pero una mirada serena sobre un proceso imparable requiere recordar lo que ya sabemos sobre el efecto de la introducción de computadoras conectadas a internet en las escuelas. La principal conclusión establecida por los estudios de OCDE-PISA es que el efecto sobre el aprendizaje es nulo o incluso negativo, pero puede ser positivo cuando hay una fuerte implicación de los profesores, guiando a los alumnos. Y si los enseñantes están en general demasiado ocupados y las administraciones no se preocupan de capacitarlos, la conexión con los alumnos es demasiado deficiente y abandonados a sí mismos, los alumnos no tienen criterios para discriminar entre la masa de informaciones que encuentran. Es más, los expertos sugieren que los libros de texto tienen efectos más positivos para el aprendizaje porque sus contenidos están supervisados por comisiones académicas teóricamente competentes.

La inteligencia artificial altera las reglas del juego, según los primeros estudios disponibles. Según las encuestas, serán particularmente útiles para los enseñantes, que podrán actualizar sus conocimientos en un mundo en que la información cambia constantemente. Pero también los estudiantes, en todos los niveles de educación, parecen beneficiarse mayoritariamente. En un mundo en que la información está en internet, la memorización y la repetición es una pérdida de tiempo. Lo esencial es enseñar a seleccionar la información y a recombinarla, tal como ha venido proponiendo la Medicina basada en la evidencia (MBE) y el Aprendizaje basado en Problemas (ABP). A ambas propuestas con la IA se les abre un sinfín de oportunidades pero también de retos.

El proceso iterativo de la MBE y del ABP, desde la identificación de incertidumbres y de hiatos de conocimiento, la conversión a preguntas estructuradas, la búsqueda y selección de la mejor evidencia, la lectura crítica y síntesis y la aplicación de los hallazgos a un paciente concreto podrán ser facilitados enormemente por la IA a partir de su capacidad de aprendizaje y de autocorrección, gracias al acceso inmediato a gigantescas cantidades de datos y al entrenamiento automático que puede ir adquiriendo a base de repeticiones y de la capacidad de sus algoritmos para aprender de manera independiente de los errores señalados, primero por un supervisor humano entrenado y posteriormente asimilados de forma autónoma. En el fondo, la toma racional de decisiones supone un pensamiento lógico y jerárquico que puede ser transcrito a algoritmos en un lenguaje que las máquinas pueden interpretar y ejecutar con mucha mayor rapidez y consistencia que el ser humano. El aprendizaje humano es progresivo y se desarrolla a partir de la exposición a diversas situaciones de forma consecutiva, proceso que puede llevar años; en cambio, la adquisición de estos datos por parte de una máquina es mucho más rápida, ya que esta no se agota (puede trabajar 24 h al día) y no tiene funciones vitales (alimentación, descanso u ocio) ni huelgas o enfermedades.

Por tanto, la enseñanza de la Medicina debe adaptarse al impacto en la práctica clínica que empieza a tener y tendrá en el futuro la IA pues de lo contrario estaríamos desaprovechando las oportunidades que supone e ignorando los límites y retos que plantea. Prácticamente, no hay área en la Medicina que no vaya a quedar transformada por la IA pero algunas de las potenciales aplicaciones de la IA en la Medicina son:

  1. Diagnóstico y detección de enfermedades: Los sistemas de IA pueden analizar grandes cantidades de datos, como imágenes médicas, resultados de pruebas y datos clínicos, para ayudar en la detección temprana y el diagnóstico preciso de enfermedades.
  2. Asistencia en la toma de decisiones clínicas: Los sistemas de IA pueden ayudar a los médicos en la toma de decisiones clínicas al proporcionar recomendaciones basadas en la evidencia científica y en la interpretación de datos médicos, lo cual puede ayudar a reducir errores y mejorar la precisión en el tratamiento y la asistencia.
  3. Investigación: La IA puede acelerar el proceso de investigación al analizar grandes conjuntos de datos y encontrar patrones subyacentes, lo que puede llevar al descubrimiento de nuevos enfoques terapéuticos. Además, la IA puede ayudar en la predicción de la eficacia y la seguridad de los tratamientos.
  4. Actualización y seguimiento de la evidencia: La IA puede monitorear de manera continua la literatura científica para identificar nuevas investigaciones relevantes y actualizaciones de la evidencia. Puede alertar a los profesionales de la salud sobre nuevos estudios, cambios en las pautas de la práctica clínica y advertencias sobre potenciales efectos adversos o interacciones.
  5. Personalización de la Medicina: La IA puede utilizar datos clínicos del paciente, como los existentes en la historia clínica, análisis de laboratorio y datos genéticos, cuestionarios específicos, etc. para personalizar las recomendaciones existentes. Al considerar las características individuales del paciente, la IA además puede presentar las distintas opciones terapéuticas específicas a cada paciente para que decida de acuerdo con sus preferencias y valores.

Por ello, es imprescindible que la enseñanza de los estudiantes de Medicina se adapte cuanto antes a los desafíos que implica la progresiva disponibilidad de la IA en los entornos clínicos y asistenciales. Como educadores, es necesario que conozcamos qué puede hacer, cómo lo hace y qué no puede hacer la IA, incluso teniendo en cuenta que nos encontramos todavía en una fase muy preliminar de su desarrollo.

Hay dos grandes tipos de preguntas educativas que nos podemos hacer sobre la IA: las primeras y más inmediatas, se pueden englobar bajo la rúbrica ‘educar con la ayuda de la IA’. Las segundas, más a medio plazo, consistirían en ‘educar para la era de la IA’.

¿Qué se ha investigado hasta la fecha sobre ‘educar con la ayuda de la IA’? En una reciente revisión sistemática se identificaron cuatro grandes categorías con varios temas en cada una: a) IA en el aprendizaje, como en la asignación de tareas a los estudiantes en base a su competencia actual, en el análisis de su trabajo para retroalimentarles sobre su desempeño; b) IA en la enseñanza, como en los sistemas de tutoría inteligente, que recomiendan contenidos didácticos y tareas personalizadas a los estudiantes, combinadas con las enseñanzas asistidas por ordenador y, también, para apoyar el desarrollo profesional de los docentes; c) IA en la evaluación, para proporcionar una calificación automática a los trabajos de los estudiantes y predecir su rendimiento futuro, permitiendo anticipar medidas correctoras si fueran necesarias; y finalmente, d) IA en la administración, para mejorar el rendimiento de las plataformas de gestión, apoyar la toma de decisiones educativas basadas en evidencias y automatizar las tareas administrativas y burocráticas para así liberar tiempo a los educadores para que se centren en las actividades de enseñanza más significativas.

En el ámbito más específico de la enseñanza de la Medicina, las probables aportaciones de la IA pueden ser:

  1. Realidad aumentada y virtual: La IA puede combinarse con tecnologías de realidad aumentada y virtual para crear experiencias de aprendizaje inmersivas. Los estudiantes podrán interactuar con modelos 3D del cuerpo humano, visualizar enfermedades y explorar sistemas biológicos complejos, lo que facilitaría la comprensión de conceptos médicos difíciles; podrán practicar procedimientos médicos complejos, como cirugías, en un entorno seguro y controlado.
  2. La IA puede generar con relativa facilidad nuevos escenarios y casos a resolver basados en situaciones del mundo real. Los estudiantes pueden trabajar en estos casos simulados y enfrentar desafíos similares a los que encontrarían en su práctica profesional. La IA puede ajustar la complejidad de los casos según el nivel de habilidad y conocimiento de los estudiantes, brindando una experiencia de aprendizaje personalizada.
  3. Generación de parámetros reales y no subjetivos por parte del examinador que determinen los niveles de aptitud de los alumnos. La IA puede proporcionar retroalimentación instantánea y precisa a los estudiantes sobre sus respuestas y soluciones a los problemas planteados.
  4. Apoyo en la búsqueda de información: La IA puede ayudar a los estudiantes a encontrar rápidamente información relevante y confiable para abordar los problemas planteados. Mediante el procesamiento del lenguaje natural y la comprensión de contexto, la IA puede proporcionar recomendaciones de lecturas, artículos científicos, estudios de casos y otras fuentes de información relacionadas con el problema en cuestión.
  5. Síntesis y resumen de la evidencia: La IA puede ayudar a sintetizar y resumir la evidencia científica relevante de manera rápida y precisa. Puede analizar múltiples fuentes de información y proporcionar un resumen objetivo de los estudios, sus resultados y conclusiones. Ello ahorraría muchísimo tiempo invertido en buscar y revisar la literatura científica.
  6. Colaboración y discusión: La IA puede facilitar la colaboración y la discusión entre los estudiantes que trabajan en grupo. Puede proporcionar herramientas de comunicación y colaboración, sugerir enfoques alternativos y fomentar la participación equitativa de todos los miembros del equipo.

Y en cuanto a ‘educar para la era de la IA’, ¿qué se ha reflexionado hasta ahora? Es evidente que se trata de un tema en el que existen más preguntas que respuestas pues es bastante más complejo y poliédrico que el de ‘educar con la ayuda de la IA’. Por ejemplo: ¿qué deben saber y saber hacer con la IA los estudiantes de Medicina?, ¿qué deben saber los futuros médicos sobre la IA para ejercer bien su profesión? Avanzar en las posibles respuestas a estas cuestiones debe ser una tarea de futuro progresiva pero ineludible para los docentes y para las autoridades académicas.

Pero a la vez, ante tamañas oportunidades que apunta la IA, es importante tener en cuenta que la IA no puede ni debe reemplazar al profesional clínico en su interacción directa con los pacientes, ni anular su juicio clínico. La experiencia clínica y el razonamiento humano siguen siendo esenciales para interpretar críticamente y aplicar la evidencia científica en el contexto de cada paciente individual. Por otro lado, ya nos hemos dado cuenta de que la introducción de la IA en todos los ámbitos de la vida plantea muchos dilemas éticos, legales, sociales, políticos, económicos, educativos, etc… que podrían causar una situación (des)gobernada por la maximización de beneficios de las empresas del sector, quizá las únicas que dispondrían de los recursos necesarios para ampliar la frontera de los sistemas de IA. Tampoco son menores las amenazas a la intimidad de las personas derivadas de la posible vulneración de la seguridad de los datos, ni el riesgo de aumentar la brecha digital y la desigualdad si no se garantiza un acceso equitativo a la tecnología.

Por descontado, hay que evaluar y validar las aplicaciones de la IA tal como se hace con otras tecnologías médicas y asimismo, es imprescindible regular bien su uso, cuando todavía estamos a tiempo, por parte de organismos internacionales independientes, tal como sucede con la energía nuclear. En cuanto a la introducción de la IA en la enseñanza universitaria, hay varios valores fundamentales que creo deberían preservarse en el futuro de manera perentoria. Estos valores incluyen:

  • Interacción humana y relaciones: La interacción directa entre profesores y estudiantes, así como entre estudiantes, es esencial para un entorno educativo enriquecedor. La conexión personal, la tutoría, el intercambio de ideas y el trabajo en equipo son elementos valiosos que fomentan el aprendizaje significativo y el desarrollo personal.
  • Pensamiento crítico y habilidades de resolución de problemas: La enseñanza universitaria debe seguir promoviendo el pensamiento crítico, la capacidad de analizar y evaluar de manera rigurosa la información, así como la habilidad de resolver problemas complejos. Estas capacidades permiten a los estudiantes desarrollar un enfoque reflexivo y analítico en su aprendizaje y en su vida profesional.
  • Desarrollo de habilidades sociales y emocionales: Las habilidades sociales y emocionales, como la empatía, la comunicación efectiva, el trabajo compartido y la inteligencia emocional, son fundamentales en el mundo laboral y en la vida en general. La enseñanza universitaria debe asegurar las oportunidades para desarrollar estas habilidades, ya que contribuyen al éxito profesional y a la construcción de relaciones saludables.
  • Ética y responsabilidad: A medida que la tecnología continúa evolucionando, es importante man tener un enfoque ético y promover la responsabilidad social en la enseñanza universitaria. Los estudiantes deben comprender las implicaciones éticas de sus decisiones, así como los impactos sociales, culturales y ambientales de su trabajo.
  • Aprendizaje continuo y adaptabilidad: La educación universitaria debe fomentar una mentalidad de aprendizaje continuo y adaptabilidad. Es crucial que los estudiantes desarrollen la capacidad de aprender de forma autónoma, para actualizarse y adaptarse a los cambios en su campo profesional a lo largo de sus vidas.

En el fondo, estos principios se basan en la idea de que la educación no solo consiste en adquirir conocimientos específicos sino también en cultivar habilidades, actitudes y valores que promuevan el crecimiento personal y profesional a largo plazo y a la vez, contribuir al sostenimiento y equilibrio colectivos. La IA y otras tecnologías pueden ser herramientas valiosas para apoyar el proceso educativo, pero nunca deberían soslayar la importancia de los valores fundamentales mencionados. Ojalá todos aquellos implicados en la enseñanza universitaria y clínica de la Medicina le concedamos a la introducción y uso de la IA en nuestro campo la importancia estratégica que se merece y encontremos las fórmulas para colaborar.

Xavier Bonfill Cosp es médico, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat Autònoma de Barcelona, máster en Salud Pública por la Columbia University de Nueva York y médico especialista en Oncología Médica y en Medicina Preventiva y Salud Pública. Es el Director del Servicio de Epidemiología Clínica del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.

27/08/2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Mis primeros contactos con la IA y su potencial uso para mi actividad profesional y de investigación son de hace aproximadamente un año. Lo que en un primer momento me parecía algo cercano a la ciencia ficción enseguida empezó a tomar formas muchas más concretas y a mostrarme posibilidades de enorme interés. En estos meses he intentado ir explorando distintas herramientas de IA para empezar a incorporarlas a mi trabajo y me he topado tanto con beneficios importantes como con escollos y limitaciones que me han mostrado lo delicado y complejo que va a ser la integración de la IA en nuestro entorno profesional si queremos hacerlos bien. Los actores son muchos y no tengo claro que siempre estén alineados en objetivos y miradas comunes.

A la pregunta de que creo que va a suponer en el corto plazo, sin duda revolucionario para obtener respuestas rápidas y precisas así como para analizar grandes cantidades de datos que nos ayuden a generar conocimiento nuevo, a mejorar muchos de nuestros procesos de trabajo y a darnos soporte continuo en muchas áreas.

En el medio plazo entiendo una integración mucho más intensa, una verdadera colaboración con la IA que seguro nos va a cambiar enormemente la manera de ejercer la medicina pero espero que siempre preservando los aspectos esenciales de empatia, ética y humanidad en la atención a los paciente por nuestra parte.

El largo plazo me resulta inimaginable y desde luego en lo profesional a mi ya creo que me quedará lejos.

Me preocupa mucho la formación tanto de los estudiantes como de los residentes con respecto a la IA y creo que es un área de enorme importancia que es necesario desarrollar rápido por la gran velocidad que está tomando esta incorporación, pero veo difícil que se logre en el corto plazo. La iniciativa de MedicineAI es una de las respuestas imprescindibles para avanzar por el camino de la responsabilidad y el buen hacer profesional. Ojalá muchas más como esta estén empezando a crecer en muchas otras áreas.

María Luisa Montes Ramírez es médica internista. Dedicada desde el inicio de su actividad profesional al campo de la infección por VIH y de la coinfección VIH-VHC, trabaja en la actualidad en la unidad de VIH del Hospital Universitario La Paz de Madrid. Participa de manera destacada en las actividades del Grupo de estudio del SIDA (GeSIDA) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), del que ha sido vocal de su junta directiva. Es, además, una experta en epidemiología clínica siendo una destacada colaborada del Programa de Habilidades en Lectura Crítica Español (Critical Appraisal Skills Programme Español [CASPe]). Fruto de la unión de estas dos especializaciones es su liderazgo del curso de gestión de unidades VIH de la Fundación SEIMC-GeSIDA, en el que se han formado en gestión y práctica basada en la evidencia cohortes de clínicos de las unidades de VIH de toda España.

06/09//2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Nota del administrador del blog

Federico J. C-Soriguer Escofet nos ha remitido un texto muy valioso pero de una extensión que nos obliga a trasladarlo a esta sección como un documento editado descargable. «A modo de introducción» hemos optado por situar aquí, antes del documento editado, un breve texto extraído y adaptado, con el permiso del autor, del correo en el que este nos ha enviado su contribución.


A modo de introducción

Adjunto el artículo que se me ha pedido. Desde que me jubilé y no tengo la necesidad de vacaciones ha aparecido el animal de sangre fría que todos llevamos dentro y en  verano aumento la actividad. Me lo he pasado muy bien escribiéndolo, única disculpa por la extensión. Pero he visto que es un blog muy abierto en donde el tamaño no importa (espero). He intentado evitar los tópicos, lo que ya es de por sí un tópico. y hablar de las cosas que a mi me interesan de la IA que no  pasan, precisamente, por si la IA es más o menos útil, ¡hasta ahí podíamos llegar, (que fuera inútil)¡, sino si es inevitable una manera determinada de usar la IA en medicina y hasta qué punto la IA llevará a una medicina artificial  o mantendrá el carácter de un humanismo científico, etc.

En todo caso, enhorabuena por esa iniciativa que nos obliga a pensar sobre lo impensable hasta ayer mismo.

EL FUTURO DE LA
MEDICINA NO PASA POR LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Federico J. C-Soriguer Escofet


ederico J. C-Soriguer Escofet ha sido jefe de servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Regional Universitario de Málaga (antes Carlos Haya) y director científico del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) hasta su jubilación. Como el mismo señala en su colaboración, el Dr. Federico J C-Soriguer Escofet fue uno los entonces jóvenes clínicos de Hospitales españoles que al final de los 80 fueron invitados por el FIS (Fondo de Investigaciones de Sanitarias) para realizar durante varios años una exquisita y exigente formación en Epidemiología clínica. De esa acción emergió un grupo de  reflexión, estudio y aprendizaje cooperativo con fuertes vínculos intelectuales y emocionales e interesado en la construcción del conocimiento necesario para la excelencia clínica. Ellos también asumieron la misión de ser el núcleo germinal de la red de unidades de investigación clínica de los Hospitales españoles;  llamada entonces REUNI y actualmente red de Institutos de investigación Sanitaria del ISCIII (como el IBIMA que se cita). Además, Federico desarrolla desde hace décadas una intensa actividad como articulista en el diario SUR de Málaga (https://www.diariosur.es/) y más recientemente en los periódicos del grupo Joly (https://www.grupojoly.com/), al tiempo que mantiene incansable actividad en  múltiples blogs. Algunas participaciones con títulos tan sugestivos como “Desmontando la ciencia”,  u otros  como  “Elogio de la conversación” o  “Elogio de la lentitud” que pudieran parecer paradójicos.

09/09//2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


La inteligencia, desde una perspectiva general, ha sido un concepto complejo y multifacético, con diversas definiciones que abordan aspectos distintos de la capacidad cognitiva. 

La Real Academia Española (RAE) define «inteligencia» con varias acepciones que reflejan tanto el entendimiento práctico como el filosófico y espiritual de este término. Estas definiciones nos permiten abarcar diferentes matices del concepto, desde la capacidad de resolver problemas hasta la comprensión más abstracta del mundo. 

Definiciones de la RAE de «Inteligencia»

  1. f. Capacidad de entender o comprender

Esta primera acepción refleja la capacidad fundamental de la inteligencia para procesar información y adquirir conocimiento. Es la base del aprendizaje, ya que permite al individuo comprender conceptos, relaciones y situaciones. La inteligencia artificial, por su parte, busca emular este proceso a través de algoritmos y redes neuronales, que «aprenden» de grandes conjuntos de datos para comprender patrones y tendencias. La capacidad de entender del ser humano, sin embargo, va más allá de los datos: incluye intuición, contexto y emociones, aspectos que la IA aún no domina completamente.

  • f. Capacidad de resolver problemas

Aquí se introduce un concepto clave de la inteligencia: la anticipación y la adaptación para enfrentar desafíos. En el contexto de la IA, los sistemas diseñados para resolver problemas específicos (como los algoritmos de diagnóstico médico o los programas de ajedrez) muestran cómo la inteligencia puede automatizarse en tareas concretas. Sin embargo, la resolución de problemas en los humanos no solo depende de la lógica, sino también de la creatividad, una dimensión de la inteligencia que la IA está empezando a abordar, pero aún con limitaciones.

  • f. Conocimiento, comprensión, acto de entender: 

Esta acepción subraya el acto mismo de entender, que implica no solo procesar información, sino también interpretarla y darle significado. La IA puede analizar grandes cantidades de datos, pero carece de una comprensión intrínseca del mundo tal como lo hacen los seres humanos. Los humanos no sólo recogen información; la sitúan en un contexto más amplio de experiencias previas, emociones y valores. En esta fase, la inteligencia artificial sigue estando lejos de alcanzar una comprensión holística comparable a la humana.

  • f. Sentido en que se puede tomar una proposición, un dicho o una expresión

Esta definición de la inteligencia como la capacidad de interpretar el sentido de algo es relevante para el procesamiento del lenguaje natural (NLP), uno de los campos más avanzados de la IA en la actualidad. Chatbots y asistentes virtuales, por ejemplo, pueden interpretar el significado literal de las palabras, pero a menudo carecen del contexto necesario para comprender el subtexto o las intenciones que subyacen en una conversación humana.

  • f. Habilidad, destreza y experiencia: 

La inteligencia también se manifiesta en la capacidad de aplicar conocimientos de manera práctica. Esta acepción se relaciona directamente con la noción de aprendizaje automático (machine learning), donde los sistemas de IA se vuelven más eficientes y precisos cuanto más practican y procesan datos. Sin embargo, en los seres humanos, la experiencia no solo refuerza la habilidad, sino que también aporta un componente emocional y personal, que difícilmente puede ser replicado por una máquina.

  • f. Trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí

Aunque esta acepción de la inteligencia está más relacionada con la diplomacia o la estrategia política, es interesante considerarla en el contexto de la interacción entre humanos y máquinas. 

A medida que las IA se vuelvan más autónomas y complejas, es posible que surjan relaciones de inteligencia entre ellas y los humanos, donde la colaboración será clave para resolver problemas de manera conjunta. Esta idea de una correspondencia, aunque no secreta, refleja el futuro de la colaboración entre ambas formas de inteligencia.

  • f. Sustancia puramente espiritual

Finalmente, la acepción más abstracta de inteligencia se refiere a una esencia inmaterial y espiritual. Aunque no es aplicable a la IA en un sentido literal, plantea una pregunta filosófica sobre si las máquinas podrían algún día alcanzar una forma de «conciencia» o autoconciencia. 

Por ahora, la inteligencia artificial no posee consciencia ni un sentido del «yo», pero a medida que los sistemas avanzan, esta idea suscita debates sobre la posibilidad de una IA verdaderamente autónoma y consciente.

La interacción de la inteligencia humana y la IA en el corto, medio y largo plazo

Corto plazo: Chatbots y Agentes Virtuales

En el corto plazo, la interacción entre inteligencia humana y artificial se materializa principalmente en chatbots y agentes virtuales, que utilizan la capacidad de entender y procesar el lenguaje natural para resolver problemas básicos de los usuarios. Estos sistemas, impulsados por algoritmos de aprendizaje automático, son capaces de comprender preguntas sencillas y ofrecer respuestas coherentes basadas en datos previamente almacenados. Los asistentes virtuales, como Siri o Alexa, ya forman parte de nuestra vida diaria, ayudando con tareas rutinarias como la gestión de calendarios o la búsqueda de información en línea.

Estos sistemas representan un avance significativo en la automatización, pero su capacidad para resolver problemas sigue siendo limitada. Aunque pueden anticipar ciertas necesidades del usuario, como recordar eventos o sugerir rutas, carecen de una comprensión profunda del contexto emocional o social de las interacciones humanas. En resumen, su inteligencia es limitada al ámbito funcional, pero aún supervisada por la inteligencia humana, que les proporciona los parámetros y datos necesarios para operar.

Medio plazo: Agentes Autónomos y Sistemas Conectados

En el medio plazo, podemos esperar que la inteligencia artificial evolucione hacia sistemas más autónomos e interconectados, que no solo procesen información, sino que también tomen decisiones de manera independiente. Estos sistemas no solo resolverán problemas específicos, sino que podrán adaptarse y aprender en tiempo real, como lo harían los vehículos autónomos o los robots industriales.

Aquí entra en juego el concepto de propiedades emergentes, donde la interacción entre múltiples agentes autónomos podría dar lugar a comportamientos o soluciones que no se pueden predecir a partir de las reglas originales que los gobiernan. Este tipo de inteligencia emergente plantea desafíos éticos y técnicos sobre cómo mantener el control y la supervisión de estos sistemas, y hasta qué punto deberían actuar de manera independiente.

Largo plazo: Singularidad y Fusión de Inteligencias según Kurzweil

A largo plazo, nos adentramos en un terreno especulativo, dominado por teorías como la de la singularidad tecnológica, propuesta por Ray Kurzweil. Según Kurzweil, a medida que la inteligencia artificial siga desarrollándose, llegará un punto en el que la velocidad de los avances tecnológicos se acelerará de manera exponencial, conduciendo a una fusión entre la inteligencia humana y la artificial. Este proceso, que podría suceder alrededor de la mitad del siglo XXI, llevaría a la creación de una inteligencia híbrida, donde los humanos aumenten sus capacidades mediante la integración de tecnologías avanzadas, como las interfaces cerebro-máquina o la nanotecnología.

La anticipación al futuro en este contexto se volvería mucho más precisa y avanzada, ya que los humanos podrían acceder a conocimientos y habilidades casi ilimitadas. La singularidad tecnológica plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la humanidad y la inteligencia misma, y cómo la interacción entre la inteligencia humana y artificial redefinirá nuestras capacidades cognitivas y nuestra percepción de la realidad.

Conclusión La interacción entre inteligencia artificial y humana está en constante evolución, con diferentes fases que se pueden observar en el corto, medio y largo plazo. En el corto plazo, vemos avances prácticos en la automatización de tareas simples a través de chatbots y agentes virtuales. A medio plazo, los agentes autónomos y los sistemas conectados marcarán el futuro de la colaboración entre máquinas y humanos. Y, en el largo plazo, según las teorías de Ray Kurzweil, podríamos estar en el umbral de una fusión completa entre ambas formas de inteligencia, lo que transformará radicalmente nuestra comprensión de lo que significa ser inteligente y humano.

Alfredo Romeo Molina es un emprendedor nato, graduado en Finanzas por la Saint Louis University en 1997, que se define a sí mismo como empresario, pionero, anticipador, aprendiz y servidor. En el año 2000 fundó su primera empresa; ha
estado siempre vinculado al desarrollo de tecnologías disruptivas en la idea de
ponerlas al servicio de otros emprendedores y PYMEs. Es un cordobés que ejerce como tal; uno de sus proyectos fue poner en marcha Cordobapedia. Es el fundador, inversor y CEO de Datta Capital, empresa innovadora de servicios
empresariales y tecnológicos con sede en Córdoba, que se sitúa a la vanguardia
de la transformación digital y financiera en Andalucía. Entre sus desarrollos
está DattaBot (conversando con tus datos) una competitiva herramienta que
simplifica al máximo el proceso de construcción de bots alimentados con
documentación del usuario.

15/09//2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Actualmente tengo un dilema. Yo me considero una médico de “Nueva Generación”, con más de 20 años de carrera profesional por delante, pero notable experiencia acumulada. La acelerada incorporación de la IA puede suponer un punto de inflexión para dividir profesionales sanitarios en líderes a la vanguardia o versiones obsoletas de la práctica médica. Y no sé dónde voy a estar.

Para entender lo que nos espera a corto, medio y largo plazo, creo que nos ayudaría reconocer las fases del cambio:

1) negación o shock: “esto es imposible que lo genere un ser artificial; la inteligencia humana no se puede replicar”

2) resistencia o miedo: “¿puede la IA suplantar al ser humano? ¿cómo reconocer un trabajo generado genuinamente por humanos o por una IA? ¿qué límites o regulaciones deberíamos implementar?”

3) exploración: “aprendamos cómo aprende la IA, cómo pedirle lo que realmente buscamos, qué recursos son útiles en mi medio y hagamos propuestas”

4) reconstrucción: “aceptemos la nueva era de la IA, integrada en la realidad humana, con nuevos horizontes”

A corto plazo necesitamos formación, lo cual implica una inversión de un tiempo valioso para conocer el mapa de aplicaciones que pueden perfeccionar nuestro flujo de trabajo; y práctica, atrevernos a probar. La interacción con los expertos en el desarrollo de la IA, un grupo avanzado de usuarios, el acceso a alguna herramienta cotidiana y la experiencia compartida entre colegas, será el primer abordaje. Después de todo, aprobar un test gracias a la IA o elaborar una presentación rápidamente con diapositivas generadas por IA, es muy tentador.

A medio plazo nos sentiremos cómodos utilizando varias aplicaciones, entraremos en fase de euforia al establecer un círculo de retroalimentación positiva donde la IA nos simplificará múltiples procesos de la vida profesional, académica y personal. Ello puede poner en peligro habilidades propiamente humanas por desuso (¿vosotros no envidiáis quien antaño diagnosticaba con solo auscultar un soplo o ejecutar una detallada exploración física?). Por otro lado, creo que, aunque la tecnología está madura, no será tan rápida la incorporación por los enormes costes, la necesidad de nuevas infraestructuras y servidores, la confrontación de objetivos de diferentes colectivos, etc. Como veis, muestro cierto escepticismo como sufridora en nuestra era digital de la continua caída de sistemas operativos, programas que se bloquean en el peor momento, virus informáticos que corrompen la información, foros de discusión acalorada en diferentes estamentos sanitarios, y un largo etcétera. Además, temo que la brecha digital nos clasifique en profesionales de primera y de segunda, según dispongamos de acceso o no, sepamos usar o no, las herramientas de IA.

A largo plazo seguramente habremos vivido alguna experiencia amarga que nos haga replantear el uso responsable de la IA, y probablemente habrá una pequeña regresión a los orígenes. Habremos de encontrar el equilibrio, donde la IA sirva para potenciar y mejorar las habilidades humanas, sin perder el foco en nuestra vocación profesional – cerca de la persona que sufre – y con mayor capacidad de intervenir precozmente. Humanizar la asistencia sanitaria con ayuda de la inteligencia artificial parece una contradicción. Confío en que no intercambiemos los papeles.

A menudo sueño con una consulta compartida con la IA, con un asistente de voz que resuma una anamnesis en tiempo real y lo plasme en un informe, lo contraste con la historia previa de la persona, sea capaz de proponer un plan diagnóstico-terapéutico y preventivo y pueda planificar una revisión en plazo oportuno. Mi tiempo mejor invertido, reduciendo el tiempo mirando las pantallas, anticipando y resolviendo el papeleo, mejorando la satisfacción de paciente y médico. A corto plazo me parece una película de ciencia-ficción; a medio plazo lo veo como una escuela de aprendizaje plagada de errores y frustración; y a largo plazo, una realidad con muchos matices. Confío en conservar mi sexto sentido, en cualquier caso, ya que la intuición pocas veces me ha traicionado.

María de Lagarde Sebastián es médica internista en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, doctora en Medicina y profesora asociada de Ciencias de la Salud del Departamento de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Está especializada en infección VIH y comorbilidades, desarrollando su trabajo asistencial e investigador en este campo en la Unidad de Infección VIH del mencionado hospital 12 de Octubre..

16/09//2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


Últimamente está de moda hablar de inteligencia artificial y sin duda hay un abuso del concepto al emplearlo para muchas cosas que hasta ahora era simplemente el uso de la informática.

Por eso, una cuestión previa consiste en distinguir valorar si lo que hoy llamamos inteligencia artificial es realmente un factor nuevo dentro del mundo de la informática.

Hace años se hablaba de algo parecido, que se denominaba sistemas expertos. En mi experiencia personal, tuve la oportunidad de conocer algo de esto cuando durante unos años fui profesor responsable de la asignatura Bioestadística en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cantabria.

Recuerdo un sistema experto diseñado por el profesor Enrique Castillo y el Dr. Ángel Naranjo, que fue su tesis doctoral, de diagnóstico por ordenador.

En realidad, y sin ánimo de entrar en detalles técnicos, el sistema experto se basaba en la Teoría de la Probabilidad y fundamentalmente en el Teorema de Bayes, que trata de la probabilidad condicionada.

En el fondo, los médicos cuando diagnostican una enfermedad, también lo realizan con una determinada probabilidad que se basa en las experiencias anteriores, en el número de casos similares que han visto.

 Dejando de lado, en este caso, el llamado ojo clínico, a mí me gustaba decir que el sistema experto era mejor que un médico malo, pero que difícilmente podría sustituir a un médico bueno.

Simplificadamente, el sistema experto diseñado se basaba en ir incorporando casos clínicos a una base de datos, donde se iban anotando los síntomas de los enfermos y el resultado final de los diagnósticos.

Una base de datos de muchos miles de casos es más potente, probablemente, que la gran mayoría de los médicos por muy buena memoria que tengan, que finalmente diagnostican con una determinada probabilidad, casi nunca con una seguridad absoluta.

 La informática, en lo que realmente supera a la mente humana es en la cantidad de datos que puede albergar un ordenador y en la velocidad de procesamiento de estos datos.

Pero hasta hoy o hasta lo que todavía algunos denominan inteligencia artificial, todo tenía que estar perfectamente programado de antemano por una mente humana. Sin embargo, lo que realmente diferencia la inteligencia artificial de la programación clásica es la propia capacidad de aprender de los distintos programas que diseña.

En todo caso, siempre hay que diferenciar que cuando se toman decisiones y también en la informática cuando se sacan consecuencias de algo programado puede ser de dos maneras: una cuando la lógica te lleva a una conclusión definitiva o cuando simplemente la conclusión se establece con una determinada probabilidad. Una aplicación informática, en este último caso, utiliza una potente disciplina como es la Estadística, con todo el aparato matemático que está inmerso en ella.

La Estadística y la Informática tienen una historia, relativamente reciente, muy importante que le debe mucho a la Medicina. De hecho, los primeros programas informáticos populares de Estadística fueron diseñados inicialmente para cuestiones médicas: el famoso BMDP (BioMeDical Program) o el SPSS (Software de IBM-Statistical Package for Social Sciences).

Ahora, probablemente estemos en un punto de inflexión, en que la inteligencia artificial con toda seguridad va a ahorrar mucho tiempo en cuestiones “menores” desde el punto de vista informático, pero donde realmente ha experimentado un avance espectacular es en cuestiones de lenguaje, lo que incluye las traducciones a cualquier idioma y en la redacción de textos que pueden depurarse en una secuencia o intercambio de instrucciones realmente novedoso.

En esta línea, otro aspecto interesantísimo es la función tutorial, pues permite una interacción progresiva, equivalente a un profesor humano con paciencia infinita (sin duda mayor que la del propio alumno-usuario) que obliga a realizar las preguntas con mucha precisión conceptual, lo cual también es muy formativo.

Pero volviendo a la relación con la Medicina y las Ciencias de la Salud, es obvio que la IA junto con los grandísimos avances obtenidos en tratamiento de imágenes, la inmensa capacidad de las nuevas herramientas, herederos de los antiguos buscadores, para organizar y valorar ingentes cantidades de información, apoyadas por otras tecnologías, (que pueden ser decisivas en el ahorro de recursos y los modelos de gestión hospitalaria, en las pandemias, en el seguimiento de la eficacia de los fármacos, etc, transmisión de datos y no digamos nada de la Robótica, nos encontramos en una situación que sin duda nos va a deparar muchas novedades en el futuro y que no se puede desaprovechar.

Finalmente quiero resaltar que los resultados de cualquier tipo que se obtengan con Inteligencia Artificial, lo mismo que los de una mente humana, nunca serán infalibles y consecuentemente las decisiones finales, por una simple cuestión de responsabilidad, deberían tomarse por los especialistas humanos.

José María Mazón Ramos es ingeniero de caminos y funcionario del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y del Cuerpo Superior de Tecnologías de la Información y Comunicaciones. Ha sido profesor universitario en la Universidad de Cantabria en las disciplinas de bioestadística en la Facultad de Medicina y de cálculo en la Escuela Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Ha sido consejero de Obras Públicas de la Comunidad de Cantabria y hasta 2023 Diputado por esta Comunidad Autónoma en el Congresos Nacional de los Diputados.

17/09//2024

¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?


No puedo dejar de iniciar mi comentario, sin dejar claro, mi bajo conocimiento sobre un tema tan complejo como es la inteligencia artificial (IA). Para empezar a especular sobre esta pregunta y poder ordenar una respuesta, no tengo más remedio que hacerme unas nuevas. 

  1. ¿Qué entiendo por IA?
  2. ¿Son los períodos de corto, medio y largo plazo como los entendemos actualmente o cambian cuando metemos el parámetro IA? 
  3. ¿Qué áreas considero críticas para las personas y qué aportará la IA en ellas?
  4. ¿Qué consideraciones se tienen que hacer sobre los derechos de las personas?

1.- ¿Qué entiendo por IA?

 La IA, es una práctica que se aplica a los sistemas que manifiestan un comportamiento inteligente mediado por el empleo de algoritmos diseñados por la inteligencia humana para un fin concreto, y que llevan a estos sistemas a un fácil y rápido análisis aportando “sus” respuestas con autonomía, pero no exentas de sesgos. Son decisiones basadas en la lógica matemática y en el aprendizaje de  procesos repetitivos, que sin duda, supondrán  una REVOLUCIÓN industrial, científica, educativa, técnica… lo que ahora se emplea para tareas básicas, acabará generando nuevos códigos para solucionar problemas complejos,  pero quiero creer, que  la figura del ser humano será imprescindible de cara al diseño de los nuevos algoritmos, validación de los sesgos,  calibración de los resultados, entrenamiento continuo de las maquinas…por lo que pienso que nunca será 100% autónoma.

En cuanto a la disyuntiva de IA y la inteligencia humana, para mi es claro, que no hay que ver la IA como un competidor de la inteligencia humana, sino tratar de entender cómo ambas pueden trabajar juntas. La IA puede ser una herramienta poderosa para aumentar las capacidades humanas mejorando la toma de decisiones, analizando grandes volúmenes de datos, automatizando tareas repetitivas y liberando tiempo para que las personas se centren en tareas que requieren mayor creatividad, resolver problemas complejos, manejo de emociones y juicio ético.

2.- ¿Son los períodos de corto, medio y largo plazo como los entendemos actualmente o cambian cuando metemos el parámetro IA? 

Creo que la revolución que implica la IA, afectará a todos los países, sus economías, al medio ambiente…, con una alta complejidad por los diferentes contextos de desarrollo. Por todo ello, creo que las economías más potentes trabajarán de manera acelerada en una guerra de tiempos para ver quién da mejores y más rápidas respuestas a las preguntas planteadas, mejores modelos predictivos, proponiendo algoritmos cada vez más complejos, nuevas herramientas, robots, etc. Por lo que no sabría establecer la diferencia entre corto, medio y largo plazo como lo entendemos ahora, pero sinceramente creo que el concepto de periodos, cambiará y serán cada vez más cortos. En cualquier caso, sea como fuere esa amplitud temporal, el futuro es muy prometedor y cambiante, y los avances que podrían haber tardado décadas en el pasado, ahora pueden materializarse en pocos años.

Por otro lado, pienso en la obsolescencia de la propia IA y en una rápida caducidad de ciertos modelos, tecnologías y enfoques de IA. Imagino que los algoritmos de IA y sus aplicaciones se vuelven obsoletos rápidamente cuando nuevas técnicas de aprendizaje, procesamiento o hardware más eficientes, entran en escena. La obsolescencia de la IA afectará también a las habilidades humanas, profesionales que dominan herramientas o lenguajes de programación obsoletos, deberán actualizarse constantemente para mantenerse al día. Por todo ello, la velocidad exponencial de los desarrollos de IA y su “rápida obsolescencia”, requerirá de grandes inversiones y de manera continuada para ser competitivos.

3.- ¿Qué áreas considero críticas para las personas y qué aportará la IA en ellas?

 Las posibilidades de la IA van mucho más allá de lo que soy capaz de imaginar, posibilidades ilimitadas y beneficios claros e incuestionables, especialmente en el campo de la salud, proporcionando a los médicos y sus pacientes mejores y más rápidas herramientas. Yo quisiera abordar dos áreas relacionadas con la salud, una de ellas más cercana a mi experiencia profesional, como es el desarrollo de fármacos y otra, que me parece importante, el ocio en personas mayores por un aumento progresivo de la esperanza y de la calidad de vida.

Hablemos de fármacos: Seguramente a nadie se le escapa, cuáles son los retos más importantes, y como la IA puede mejorar las diversas etapas del proceso, desde el descubrimiento de un fármaco hasta los ensayos clínicos. Algunos puntos clave:

  • Descubrimiento de fármacos más rápidamente: La IA puede analizar grandes cantidades de datos genéticos y químicos, permitiendo diseñar moléculas candidatas con las propiedades deseadas y, conlas plataformas automatizadas, identificar rápidamente compuestos, pudiendo predecir la eficacia y toxicidad de los mismos en días-meses, en lugar de años en el enfoque tradicional. Es importante, tener muy en cuenta, los riesgos de falsos positivos, por predicciones erróneas y por un exceso de confianza.
  • Simulaciones de IA para estudios preclínicos: Herramientas de IA para predecir la estructura de proteínas y sus interacciones con fármacos, a nivel molecular, pudiendo reducir la necesidad de experimentación animal.
  • Optimización del diseño, reducción de tiempos: IA y aprendizaje automático permiten predecir la estabilidad y el rendimiento de los fármacos evitando, en parte, fallos tempranos.
  • Automatización del diseño y gestión de ensayos clínicos (EC): Plataformas como Trials.ai, utilizan IA para diseñar ensayos clínicos optimizados, mejorando la selección de pacientes. También IA puede gestionar la recolección de datos, análisis y reportes en los EC, permitiendo a los investigadores tomar decisiones basadas en datos en tiempo real.
  • Reposicionamiento de fármacos: Del análisis de grandes cantidades de datos y herramientas de IA, se facilitan nuevas aplicaciones de fármacos existentes.
  • Optimización en la formulación de fármacos:  Usar IA para predecir las propiedades fisicoquímicas, estabilidad de los fármacos, optimizar su formulación y biodisponibilidad.
  • Personalización de tratamientos con IA (medicina de precisión): Usar herramientas de IA para analizar el perfil genético de los pacientes y recomendar tratamientos personalizados, mejorando la eficacia de los medicamentos en enfermedades como el cáncer.
  • Proceso de registro y aprobación de Fármacos: Usar herramientas integradas en los procesos regulatorios, puede reducir drásticamente los tiempos de aprobación, incluso creo, que se podría mejorar la calidad de los datos siendo más homogéneos y en consecuencia, más seguros. Poder trabajar con IA coordinadamente con la Autoridad Sanitaria desde muy temprano, sería una gran ventaja, al automatizar procesos que permitan el análisis de grandes cantidades de datos regulatorios, que identifiquen posibles errores y áreas que requieran una revisión más detallada, permitiendo un análisis precoz de datos preclínicos y clínicos.

No quisiera dejar de apuntar los riesgos que la IA puede representar en este importante tema, por tener un exceso de confianza, sin una monitorización, exhaustiva y continua de cada uno de los procesos, por personas expertas que validen los resultados en base a los objetivos planeados. Esta supervisión humana, no puede ser sustituida por la IA. Además, las personas son las más capacitadas para proponer los objetivos, generar ideas totalmente originales e innovadoras, al disponer de pensamiento abstracto, intuición, creatividad, capacidad para conectar ideas y conceptos de manera no lineal y de tomar decisiones basadas en la experiencia, la intuición y la emoción.  

Hablemos de ocio: La predicción de que viviremos más en las próximas décadas es casi un consenso entre expertos, pero la gran pregunta es, si este aumento en la esperanza de vida vendrá acompañado de una mejor calidad de vida. La combinación de IA, medicina personalizada y nuevas tecnologías, tienen el potencial de mejorar significativamente la calidad de vida, y será importante visualizar los desafíos relacionados con la vejez, para que esa longevidad sea saludable y digna. Es en este punto, dónde creo en la importancia de cuidar el ocio para personas mayores que pienso que jugará un papel importante para mantener un equilibrio, médico, social y psicológico.

La IA está transformando el sector del ocio de múltiples maneras, proporcionando experiencias más personalizadas, inmersivas y accesibles, mejorando la experiencia del entretenimiento y ofreciendo nuevas formas de disfrutar del tiempo libre. En este punto, será importante, adaptarlo a personas mayores para que tengan esa vida saludable, que les ayude a luchar contra una soledad no deseada que sufren muchos de ellos. La IA facilita la creación de formas más dinámicas, compartidas y entretenidas de pasar el tiempo libre, optimizando las experiencias según las preferencias individuales en cosas como: la música, los juegos, el cine, los viajes inmersivos a cualquier lugar del mundo, visitas virtuales a museos y galería, creación artística (música, pintura…) y seguro, que otras muchas cosas más.

4.- ¿Qué consideraciones se tienen que hacer sobre los derechos de las personas?

Para salvaguardar los derechos fundamentales en la era de la IA, es necesario un enfoque integral que combine leyes sólidas, transparencia, justicia, protección de la privacidad y responsabilidad humana. La IA debe desarrollarse y usarse siempre con un marco ético y legal que priorice el respeto por la dignidad humana, evitando su mal uso o explotación.

Finalmente, quiero hacer un agradecimiento a Javier Crespo, por la invitación a participar en este proyecto y despertar mi curiosidad sobre este apasionante tema.

Raquel García Mazarío es bióloga con especialización en bioquímica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha desarrollado su carrera profesional en la industria farmacéutica, con diferentes responsabilidades en las compañías Lilly y Janssen (Johnson & Johnson). Actualmente está jubilada.


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